Un conato de incendio se registró en el pasillo exterior del Complejo Histórico de San Francisco en Ocaña, pero que afortunadamente no pasó a mayores debido a la oportuna reacción de los vigilantes de turno.
Las discrepancias presentadas entre habitantes de calle y consumidores de droga quienes se disputan un espacio para pernoctar casi generan una tragedia de grandes proporciones en un patrimonio cultural de carácter nacional.
El incendio ocasionó daños en la caja repartidora de los servicios telefónicos y de internet dejando incomunicadas a todas las áreas que operan en ese lugar.
“A Dios gracias se percataron a tiempo por el olor a humo y lograron apaciguar la candela con los extintores, de lo contrario estaríamos lamentando una pérdida irreparable”, señaló la coordinadora del Museo de la Gran Convención de Ocaña, Mónica Martínez.
La coordinadora aseguró que esta acción es reprochable desde todo punto de vista, pero que se veía venir desde hace varios meses con el comportamiento peligroso de algunas personas que deambulan en la plazoleta.
Según versiones preliminares de los vigilantes, los responsables del hecho rociaron gasolina a la parte externa del patrimonio cultural y los cartones ubicados en un rincón propiciaron las llamas.
“Se está pasando a mayores porque un acto tan vandálico como es arrojar dos botellas de gasolina y después encender es una situación complicada y difícil para los trabajadores”, agregó Martínez.
Los ciudadanos comentaron que, de noche es impresionante la gran cantidad de consumidores y habitantes de calle y aunque han avisado a las autoridades, no se ven resultados.
El presidente de la Academia de Historia de Ocaña, Luis Eduardo Páez García, indicó que es un campanazo de alerta para que las autoridades presten mayor atención a la vigilancia de un patrimonio de carácter nacional donde se desarrolló la Gran Convención de Ocaña en 1828.
“Se guardan piezas de gran valor en el museo, el archivo, los libros de la biblioteca pública y todo un compendio de obras de arte de la región. A eso de las 11:30 de la noche, el vigilante observa el fogonazo y el humo lo lleva a ubicar los elementos para apagar el conato de incendio. Donde las llamas alcancen la ventana y el techo de maderas resecas por la antigüedad de la estructura, estaríamos lamentando pérdidas incalculables para historia de la región”, explicó Páez.
De inmediato se hizo el reporte al Ministerio de Cultura para que junto con la Policía Nacional se proceda a tomar los correctivos frente a la proliferación de consumidores de drogas y habitantes de calle.
“La responsabilidad recae directamente en la administración municipal que debe tomar las medidas pertinentes para proteger un patrimonio abandonado totalmente por el Gobierno Nacional. Incluso muchas de esas personas hacían sus necesidades fisiológicas a la entrada del templo de San Francisco y el sacerdote, Belisario Soto Arévalo, construyó una reja para remediar el problema”, agregó Páez.
El historiador destacó que, aunque la Policía de Turismo es quien debe velar por mantener la tranquilidad en estos atractivos, “una sugerencia es la instalación de vallas metálicas en los alrededores de la plazuela, pero contar con el aval de la Dirección Nacional del Patrimonio se ha convertido en una misión imposible”.