En su viacrucis, Norte de Santander es la radiografía exacta de todos los padecimientos que laceran a Colombia. Los mismos están generando el efecto de una olla de presión que acumula cada vez más problemas hasta llegar al riesgo de estallar.
La reflexión en estos días santos es a hacer un alto en el camino, deponer los intereses partidistas, personalistas y grupistas para en un acuerdo de voluntades redireccionar el rumbo de la Nación.
Nunca más, si de verdad se quiere la paz, es que ni la guerrilla del Eln, pero tampoco las disidencias y las bandas criminales utilicen a los niños como combatientes y objetos propagandísticos de sus acciones terroristas contra la población civil y la Fuerza Pública, como ha venido ocurriendo en el Catatumbo.
Acciones demenciales de esa naturaleza condenan a las generaciones futuras a seguir permeadas por el conflicto armado bien sea porque se sigue imponiendo su pregón de quea bala y bombazos todo se arregla o porque en años venideros la herida de la violencia habrá mermado la población juvenil, con delicadas implicaciones para el país.
El otro latigazo que está recibiendo la población y que en Semana Santa tiene una de las estaciones hacia el calvario, es el alto costo de la canasta familiar, a la que ni siquiera con la multiplicación de los peces y los panes se ha podido atajar en su crecimiento desbordado de los precios.
La Semana Mayor ojalá conduzca a que se confirme y ponga en marcha un acuerdo entre los empresarios y el Gobierno Nacional para que adquirir los alimentos para una dieta equilibrada de los colombianos deje de ser un lujo, porque la vida, por la cual se orará en estos días, se pone en riesgo por efectos de la carestía, la desnutrición y el hambre.
En los templos o donde estén de vacaciones, la mayoría espera que los congresistas se llenen consideraciones técnicas y analíticas -ojalá lejos de los fanatismos y los radicalismos para dar un profundo debate sobre las sensibles reformas a la salud y al sistema laboral colombiano.
Las animosidades o las componendas por debajo de la mesa en la tramitación de esta clase de proyectos tan sensibles para la vida nacional se convierten -hablando en términos religiosos- en pecados mortales que viciarían el trámite y las decisiones que se tomen desde el Congreso de la República.
Los partidos políticos tanto de gobierno como de la oposición, pudieran ayudar a bajarle la tensión al acalorado ambiente que se registra en el país, donde uno y otro sector afirma tener la verdad revelada y trata de arrinconar al contendiente sin querer ceder un ápice, cuando lo conveniente es tender puentes para alcanzar acuerdos dentro de los consensos y disensos propios de una democracia como la nuestra.
Habrá de esperar que los sermones propios de esta celebración religiosa con sus enseñanzas la mayoría relacionadas con la paz, la reconciliación y el respeto al otro, tengan eco tanto en la feligresía como entre los colombianos, porque esta clase de mensajes es necesario escucharlos y tomar lo mejor de ellos tanto para el desarrollo familiar, personal y el bienestar de Colombia.
Los habitantes de los cuarenta municipios de Norte de Santander merecen unas mejores condiciones de vida que solo se alcanzan conjurando los graves problemas nacionales, pero entre todos sin rencillas, con la conciliación y la justicia como faros, de lo contrario llegaremos a la Semana Santa de 2024 repitiendo la historia.
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