Paloma Paz se coloca una peluca negra y tacones rosas antes de salir a una esquina de Ciudad de México a ejercer como trabajadora sexual. Frente al espejo habla con entusiasmo de su actividad paralela: el periodismo, que le permite "denunciar injusticias".
Comenzó a escribir notas durante la pandemia, al atestiguar cómo muchas de sus compañeras que vivían en hoteles fueron echadas a la calle. Se sumó así a una veintena de mujeres que alternan el trabajo sexual con periodismo.
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"Es una forma de gritarle a la sociedad, a las autoridades lo que pasa con nosotras", comenta Paloma, de 28 años, en su casa del norte de la capital mexicana.
"No es un hobby", prosigue esta mujer transexual mientras se peina con maestría la larga melena postiza. "No podemos decir cosas al ahí se va (de forma irresponsable). Tenemos que investigar y recabar (información) para tener fundamentos".
Ella y otras 10 mujeres reportean para la revista mensual y gratuita Noticalle, de la oenegé Brigada Callejera.
"Es un medio de comunicación hecho por trabajadoras sexuales para trabajadoras sexuales principalmente", que no se han sentido representadas en los medios de comunicación comerciales, explica Elvira Madrid, directora y fundadora de Brigada Callejera.