Julio Hernández y Rosalba Parada nunca imaginaron que al regalarles dos flautas dulces a sus hijas, María Carolina y Mónica Juliana, sería el primer paso para que se convirtieran en músicos destacados en Alemania, en donde llegaron a seguir estudiando.
Hoy, son connotadas profesoras de flauta y violín, instrumentos que dominan a la perfección.
Ese primer paso de intentar sacarle sonidos, lo hicieron cuando tenían cuatro y cinco años.
De esta manera la casa localizada en el barrio Cariongo de Pamplona, todos los días se llenaba de sonidos agudos, que se hacían incansables.
Ellos, por ver a sus hijas felices se fueron acostumbrando a los toques de la mañana, al medio día y cuando ya caía la noche.
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Al notárseles que tenían aptitudes para la música, a mediados de 1990, se vincularon al Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Colombia Batuta, que funcionaba en el Museo Casa Anzoátegui.
Allí, dieron los primeros pasos de iniciación musical, lo que más tarde las motivó para estudiar música en una universidad del país.
Mónica Juliana, quien se encuentra de vacaciones en Pamplona, narró que con esas primeras flautas empezaron a hacer ruido en la casa y fue así como se matricularon en Batuta en donde pasaron al aprendizaje de la flauta traversa.
Ella optó después por el violín y la hermana por el instrumento de viento transversal.