Viernes, 30 de Mayo de 2014
La historia proporciona lecciones que no debemos olvidar. Pero una de las características de los colombianos es que tenemos memoria de gallina, hasta el punto de que muchos, inclusive profesionales, hemos olvidado hasta el nombre de quienes rigieron los destinos de esta sufrida patria, algunos de ellos responsables de la tragedia que seguimos viviendo después de 60 años del inicio de la absurda guerra civil que tantas vidas ha costado. La comprobación de la mala memoria la tuve cuando cometí el error de tratar de enseñar periodismo a algunas niñas cuyo único interés verdadero era conseguir puestos de presentadoras de televisión donde pudieranmostrar sus atributos físicos, pues consideraban que leerse un libro de historia o de cualquier otra materia era una pérdida de tiempo.
Las niñas del cuento me confesaron sin sonrojarse que no sabían quién había sido presidente treinta años antes, pues ellas aún no habían nacido, ante lo cual me vi obligado a señalarles que yo sabíaquién había descubierto América aunque yo no había nacido entonces. La respuesta de las féminas fue inmediata: ellas no querían ser historiadoras sino aparecer en televisión mostrando las piernas o algo más, pues a los televidentes lo que les interesa es mirar atributos femeninos. Tuve que admitir que eso era verdad y que la caja mágica, como le decían a la televisión, no se usa para enseñar sino para entretener. Y también para transmitir promesas electorales, como esa de que le van a aumentar el sueldo a los policías y soldados y van a establecer jornadas continuas en los colegios.
De mentiras alimentan los políticos al pobre electorado, que espera confiado en que le devuelvan la virginidad a algunas pecadoras y le rebajen el precio a la yuca como ofreció hace varias décadas el general Gustavo Rojas Pinilla, quien con esa bandera casi derrota al establecimiento, representado por Misael Pastrana Borrero, quien batió el récord mundial de cortes de cintas de inauguración y nos dejó como herencia a un personaje lleno de resentimiento.
En fin, pobre país que ahora se alista a caer en las manos del expresidente Álvaro Uribe, quien supo inteligentemente resucitar las ideas de derecha, que muchos considerábamos muertas después de los desastres del ospinismo y el laureanismo, grupos que se enfrentaron a muerte por el poder en la década del cincuenta. Pero como se dice en don Juan Tenorio: ‘’los muertos que vos matáis gozan de cabal salud’’. Y eso ocurrió: los muertos no estaban muertos y Uribe, quien como Rafael Núñez se pasó del liberalismo al conservatismo, resucitó el cadáver y lo volvió a llevar a las puertas del poder. Comprobando así que en Colombia no hay muertos políticos. Sólo enfermos temporales.
Como todo en política tiene un objetivo, le pregunte a un amigo uribista cuál es el objetivo último del exmandatario, que se convirtió en el peor enemigo de Juan Manuel Santos, su sucesor. Y la respuesta fue sencilla: quiere volver al poder. Pero no como senador, lo que acaba de lograr, sino como presidente. ¿Y cómo lo va a lograr, si constitucionalmente no puede? Elemental, Watson, como diría Sherlock Holmes. Basta mirar el ejemplo de Argentina, donde el dictador Juan Domingo Perón no podía ser elegido. Entonces se eligió a Héctor Cámpora, quien al poco tiempo renunció, no sin antes derogar la norma que impedía al dictador regresar al poder. De inmediato hubo elecciones y oh sorpresa; ganó Perón y volvió a mandar. Después vinieron Isabelita, los militares y la dictadura. ¿Será que nos espera lo mismo? Ojalá que no.
Las niñas del cuento me confesaron sin sonrojarse que no sabían quién había sido presidente treinta años antes, pues ellas aún no habían nacido, ante lo cual me vi obligado a señalarles que yo sabíaquién había descubierto América aunque yo no había nacido entonces. La respuesta de las féminas fue inmediata: ellas no querían ser historiadoras sino aparecer en televisión mostrando las piernas o algo más, pues a los televidentes lo que les interesa es mirar atributos femeninos. Tuve que admitir que eso era verdad y que la caja mágica, como le decían a la televisión, no se usa para enseñar sino para entretener. Y también para transmitir promesas electorales, como esa de que le van a aumentar el sueldo a los policías y soldados y van a establecer jornadas continuas en los colegios.
De mentiras alimentan los políticos al pobre electorado, que espera confiado en que le devuelvan la virginidad a algunas pecadoras y le rebajen el precio a la yuca como ofreció hace varias décadas el general Gustavo Rojas Pinilla, quien con esa bandera casi derrota al establecimiento, representado por Misael Pastrana Borrero, quien batió el récord mundial de cortes de cintas de inauguración y nos dejó como herencia a un personaje lleno de resentimiento.
En fin, pobre país que ahora se alista a caer en las manos del expresidente Álvaro Uribe, quien supo inteligentemente resucitar las ideas de derecha, que muchos considerábamos muertas después de los desastres del ospinismo y el laureanismo, grupos que se enfrentaron a muerte por el poder en la década del cincuenta. Pero como se dice en don Juan Tenorio: ‘’los muertos que vos matáis gozan de cabal salud’’. Y eso ocurrió: los muertos no estaban muertos y Uribe, quien como Rafael Núñez se pasó del liberalismo al conservatismo, resucitó el cadáver y lo volvió a llevar a las puertas del poder. Comprobando así que en Colombia no hay muertos políticos. Sólo enfermos temporales.
Como todo en política tiene un objetivo, le pregunte a un amigo uribista cuál es el objetivo último del exmandatario, que se convirtió en el peor enemigo de Juan Manuel Santos, su sucesor. Y la respuesta fue sencilla: quiere volver al poder. Pero no como senador, lo que acaba de lograr, sino como presidente. ¿Y cómo lo va a lograr, si constitucionalmente no puede? Elemental, Watson, como diría Sherlock Holmes. Basta mirar el ejemplo de Argentina, donde el dictador Juan Domingo Perón no podía ser elegido. Entonces se eligió a Héctor Cámpora, quien al poco tiempo renunció, no sin antes derogar la norma que impedía al dictador regresar al poder. De inmediato hubo elecciones y oh sorpresa; ganó Perón y volvió a mandar. Después vinieron Isabelita, los militares y la dictadura. ¿Será que nos espera lo mismo? Ojalá que no.
