Jueves, 26 de Junio de 2014
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Desde Nelson Mandela, Chespirito y hasta Kid Pambelé, viajan los trazos
de Luis Carlos Cifuentes, actual director de arte de la revista Soho y
quien por estos días posiciona su obra artística con su
talento y el impulso de redes sociales como Twitter e Instagram.~

Comenzó a dibujar desde los ocho años y uno de sus recuerdos de niñez en Oiba, Santander, es pasar las tardes en la biblioteca pública del pueblo leyendo las historietas de Tintín, Kalimán y otros héroes de los comics.
Pintar muñecos era solo un hobby que tomó fuerza con el tiempo. En la adolescencia descubrió el gusto por los retratos, los cuales desde hace un año marcaron el nacimiento de su obra artística. Desde Nelson Mandela, Chespirito y hasta Kid Pambelé, viajan los trazos de Luis Carlos Cifuentes, actual director de arte de la revista Soho y quien por estos días posiciona sus cuadros con el impulso de redes sociales como Twitter e Instagram.
Ha trabajado como diseñador e ilustrador para medios y escritores nacionales, entre ellos Daniel Samper Ospina y Ricardo Silva. En 2012 se cansó de lo digital y comenzó a pintar lienzos cargados de color con un estilo particular, el cual logró que sus trabajos tengan miles de seguidores.
Es aficionado al café, la madrugada y la música colombiana y aunque es tímido, sus opiniones son agudas y siempre están cargadas de sarcasmo, razón por la cual sus aforismos le proporcionaron un amplio público de seguidores en Twitter. Sin embargo, confiesa que decidió salir de ese círculo vicioso de quejarse del país y trabajar en su pasión. Para él, lo más imprescindible es producir algo que contribuya a Colombia de alguna forma.
No está de acuerdo con la idea de que las obras de un artista deban reflejar su estado de ánimo o que la inspiración dependa de eso. Insiste en mirar su profesión como una mezcla de talento y perseverancia, de donde pueden salir buenas obras sin necesidad de trasladar o ligar a ellas las cuestiones personales.
La Opinión habló con este artista sobre sus últimos trabajos, el estilo que emplea y su galería virtual en las redes sociales.
Aunque dibujo desde pequeño no tuve formación artística, así que mis primeros trabajos fueron como diseñador o ilustrador y estuve en ese campo por mucho tiempo. Me quedé allí porque sentía cierta comodidad y me gustaba lo que hacía. Considero que lo digital ha sido un paso que me llevó a lo que hago ahora. De allí aprendí mucho, porque todo se complementa.
Poco a poco me aburrí de ver que podía hacer cualquier cosa digitalmente y sentí la necesidad del contacto con el taller y los lienzos. Además, llega un punto en la vida en el que uno siente la necesidad de hacer o ser algo. Todo lo considero una cuestión de dinámica, lo más importante es hacer, hacer y hacer. Entonces trabajé unas pruebas cuando adecué mi taller y obsequié un par de cuadros a algunos amigos. A la gente le fue gustando y ahora no he podido parar.
Mi trabajo es una profesión más, tiene mucho de artesano, de creativo, pero no generalmente pasa por el lado emocional. Cuando estoy pintando me desconecto de la realidad y estoy en un flujo permanente. Sencillamente el cerebro se ocupa y nada más importa.
Mis cuadros están basados en la expresión del retratado, no en la mía. Sería como de bipolares estar plasmando ambas cosas.
No creo que sea necesario separarlo todo. Uno tiene cierto talento y puede hacer varias cosas. Todo se complementa, como ilustrador aprendí muchas cosas de arte que ahora dejo en los lienzos. Puede que un día me aburra de pintar y decida trabajar con esculturas o comics. Lo importante es que todo hace parte de lo que es y puede hacer uno.
No sé si tenga un nombre, porque cada persona crea una obra diferente. Hay algo impresionista y básicamente quería aprovechar tres cosas principales: formato grande, color y trazo. No quería trabajos miniatura, hiperrealistas ni paisajes. Quiero mostrar algo de emoción y expresividad en los retratos.
Trabajé una serie llamada Sinestesia. La teoría y la base práctica era que los cuadros tuviesen la ‘música’ de los autores retratados. Entonces buscaba por ahí una frecuencia de color que hablara un poco del músico, por lo menos de lo que me sonaba a mí. Y fueron muchos rostros a partir de eso. Me emocionó la idea de simplificar estas caras y duplicarlas en la menor cantidad de trazos posibles.
El color es la herramienta principal de todo pintor. Me pasa algo raro y es que que apenas comienzo a pintar, pero ya tengo un concepto más amplio de lo que estoy haciendo en cada trazo.
Me doy el lujo de jugar con el color porque en la forma no puedo equivocarme y en esa parte que puedo variar es en donde entra mi estilo.
Por el lado de los rostros, la idea es que el espectador reconozca la expresión y el movimiento en cada retrato con ayuda de la combinación de colores. El ser humano tiene varias caras y también varias emociones, lo que hago es registrar algunas de ellas.
Me cansé de Twitter porque que hay mucha gente diciendo las mismas cosas y es un círculo vicioso de quejas. Hay cuestiones del país que me siguen molestando pero trato de alejarme de eso. Ahora uso mis redes para mostrar mis trabajos y comunicarme. Y es interesante porque uno tiene contacto con el público y los clientes, diferente si usted va al museo, allí puede encontrar la obra pero no al autor.
Luis Carlos estuvo en la pasada Feria Internacional del Libro firmando sus ilustraciones en Las aventuras de Pachito, el último trabajo de Daniel Samper Ospina. Sus trazos registraron las situaciones más polémicas del ex presidente Francisco Santos y la ‘pandilla uribista’. Señala que la política no es su pasión, pero que disfruta acompañar estas publicaciones cargadas de sátiras y humor.
Daniel Samper se encontraba en España, entonces me envió los textos en un formato infantil y por mi lado investigué cómo dibujar para niños y qué se podía hacer en este campo. Entonces con las situaciones y las circunstancias descritas fui trazando a cada político. Fue un trabajo conjunto, en donde cada texto me daba idea de qué dibujar.
Hay unos complicados que no permiten mucho trazo infantil, como Fernando Londoño o Antanas Mockus, porque tiene rasgos muy neutrales. Por otro lado, Pachito sí se prestaba para todo este mundo de niños y fue más fácil caricaturizarlo a él.
Si, lo disfruté. Cuando decido trabajar en proyectos así, tomo un compromiso completo con el proyecto y no puedo hacerlo a medias. Estoy de acuerdo con cada línea del libro y las situaciones que hay en él. Me gusta la sátira y el humor y no hay que llevarlo más allá de eso.
No quisiera estar catalogado como caricaturista porque me incomoda esa simbiosis que tiene la caricatura con la política. No me agrada la idea de que mi trabajo dependa de qué hace un personaje de estos.
Yo me distancio un poco de allí porque no soy como Matador o Vladdo. De política prefiero los trabajos largos, en donde también está la indignación de cada ciudadano. En ellos también expreso cosas que me indignan.
Fui bastante objetivo porque todos me caen mal. Igual el escenario no daba para hacer cosas pesadas. El chiste está en sí mismo. El personaje con el que se visten los políticos todos los días es otra caricatura. Puede que en la vida privada sean maravillosos padres, hermanos o hijos, pero lo que uno ve en las noticias es eso, una caricatura más.
*
Cifuentes cierra anunciando que tiene en proyecto una serie de pinturas de políticos a manera de antihomenaje a estos, pues según el artista, sus malas administraciones merecen un reconocimiento diferente a bautizar calles con sus nombres.
En cuanto a su trabajo artístico también aclaró que le gusta más el público general de las redes sociales que aquel que puede encontrar en las exposiciones exclusivas en museos de arte. “No le veo gracia a esperar que un curador diga qué emoción debe manifestarse ante un trabajo artístico. Cada uno tiene sus formas de interpretar esto”, concluye.
Desde Nelson Mandela, Chespirito y hasta Kid Pambelé, viajan los trazos
de Luis Carlos Cifuentes, actual director de arte de la revista Soho y
quien por estos días posiciona su obra artística con su
talento y el impulso de redes sociales como Twitter e Instagram.~
Comenzó a dibujar desde los ocho años y uno de sus recuerdos de niñez en Oiba, Santander, es pasar las tardes en la biblioteca pública del pueblo leyendo las historietas de Tintín, Kalimán y otros héroes de los comics.
Pintar muñecos era solo un hobby que tomó fuerza con el tiempo. En la adolescencia descubrió el gusto por los retratos, los cuales desde hace un año marcaron el nacimiento de su obra artística. Desde Nelson Mandela, Chespirito y hasta Kid Pambelé, viajan los trazos de Luis Carlos Cifuentes, actual director de arte de la revista Soho y quien por estos días posiciona sus cuadros con el impulso de redes sociales como Twitter e Instagram.
Ha trabajado como diseñador e ilustrador para medios y escritores nacionales, entre ellos Daniel Samper Ospina y Ricardo Silva. En 2012 se cansó de lo digital y comenzó a pintar lienzos cargados de color con un estilo particular, el cual logró que sus trabajos tengan miles de seguidores.
Es aficionado al café, la madrugada y la música colombiana y aunque es tímido, sus opiniones son agudas y siempre están cargadas de sarcasmo, razón por la cual sus aforismos le proporcionaron un amplio público de seguidores en Twitter. Sin embargo, confiesa que decidió salir de ese círculo vicioso de quejarse del país y trabajar en su pasión. Para él, lo más imprescindible es producir algo que contribuya a Colombia de alguna forma.
No está de acuerdo con la idea de que las obras de un artista deban reflejar su estado de ánimo o que la inspiración dependa de eso. Insiste en mirar su profesión como una mezcla de talento y perseverancia, de donde pueden salir buenas obras sin necesidad de trasladar o ligar a ellas las cuestiones personales.
La Opinión habló con este artista sobre sus últimos trabajos, el estilo que emplea y su galería virtual en las redes sociales.
¿Por qué comenzó en dispositivos digitales y no en el lienzo de una vez?
Aunque dibujo desde pequeño no tuve formación artística, así que mis primeros trabajos fueron como diseñador o ilustrador y estuve en ese campo por mucho tiempo. Me quedé allí porque sentía cierta comodidad y me gustaba lo que hacía. Considero que lo digital ha sido un paso que me llevó a lo que hago ahora. De allí aprendí mucho, porque todo se complementa.
¿Qué lo llevó a tomar la decisión de pintar?
Poco a poco me aburrí de ver que podía hacer cualquier cosa digitalmente y sentí la necesidad del contacto con el taller y los lienzos. Además, llega un punto en la vida en el que uno siente la necesidad de hacer o ser algo. Todo lo considero una cuestión de dinámica, lo más importante es hacer, hacer y hacer. Entonces trabajé unas pruebas cuando adecué mi taller y obsequié un par de cuadros a algunos amigos. A la gente le fue gustando y ahora no he podido parar.
¿Se cuenta entre quienes se inspiran dependiendo del estado de ánimo?
Mi trabajo es una profesión más, tiene mucho de artesano, de creativo, pero no generalmente pasa por el lado emocional. Cuando estoy pintando me desconecto de la realidad y estoy en un flujo permanente. Sencillamente el cerebro se ocupa y nada más importa.
Mis cuadros están basados en la expresión del retratado, no en la mía. Sería como de bipolares estar plasmando ambas cosas.
¿Quiere ser reconocido como ilustrador, diseñador o artista?
No creo que sea necesario separarlo todo. Uno tiene cierto talento y puede hacer varias cosas. Todo se complementa, como ilustrador aprendí muchas cosas de arte que ahora dejo en los lienzos. Puede que un día me aburra de pintar y decida trabajar con esculturas o comics. Lo importante es que todo hace parte de lo que es y puede hacer uno.
¿Cómo define la técnica y el estilo de sus trabajos?
No sé si tenga un nombre, porque cada persona crea una obra diferente. Hay algo impresionista y básicamente quería aprovechar tres cosas principales: formato grande, color y trazo. No quería trabajos miniatura, hiperrealistas ni paisajes. Quiero mostrar algo de emoción y expresividad en los retratos.
¿Y en estas obras qué considera como punto de expresión: los rostros o el color?
Trabajé una serie llamada Sinestesia. La teoría y la base práctica era que los cuadros tuviesen la ‘música’ de los autores retratados. Entonces buscaba por ahí una frecuencia de color que hablara un poco del músico, por lo menos de lo que me sonaba a mí. Y fueron muchos rostros a partir de eso. Me emocionó la idea de simplificar estas caras y duplicarlas en la menor cantidad de trazos posibles.
¿Qué intenta generar con tanto color?
El color es la herramienta principal de todo pintor. Me pasa algo raro y es que que apenas comienzo a pintar, pero ya tengo un concepto más amplio de lo que estoy haciendo en cada trazo.
Me doy el lujo de jugar con el color porque en la forma no puedo equivocarme y en esa parte que puedo variar es en donde entra mi estilo.
Por el lado de los rostros, la idea es que el espectador reconozca la expresión y el movimiento en cada retrato con ayuda de la combinación de colores. El ser humano tiene varias caras y también varias emociones, lo que hago es registrar algunas de ellas.
¿Cómo le va con su galería virtual en las redes sociales?
Me cansé de Twitter porque que hay mucha gente diciendo las mismas cosas y es un círculo vicioso de quejas. Hay cuestiones del país que me siguen molestando pero trato de alejarme de eso. Ahora uso mis redes para mostrar mis trabajos y comunicarme. Y es interesante porque uno tiene contacto con el público y los clientes, diferente si usted va al museo, allí puede encontrar la obra pero no al autor.
La ilustración política
Luis Carlos estuvo en la pasada Feria Internacional del Libro firmando sus ilustraciones en Las aventuras de Pachito, el último trabajo de Daniel Samper Ospina. Sus trazos registraron las situaciones más polémicas del ex presidente Francisco Santos y la ‘pandilla uribista’. Señala que la política no es su pasión, pero que disfruta acompañar estas publicaciones cargadas de sátiras y humor.
¿Cuál fue su papel en Las aventuras de Pachito?
Daniel Samper se encontraba en España, entonces me envió los textos en un formato infantil y por mi lado investigué cómo dibujar para niños y qué se podía hacer en este campo. Entonces con las situaciones y las circunstancias descritas fui trazando a cada político. Fue un trabajo conjunto, en donde cada texto me daba idea de qué dibujar.
¿Difícil perfilar a estos personajes para meterlos en un cuento de niños?
Hay unos complicados que no permiten mucho trazo infantil, como Fernando Londoño o Antanas Mockus, porque tiene rasgos muy neutrales. Por otro lado, Pachito sí se prestaba para todo este mundo de niños y fue más fácil caricaturizarlo a él.
¿Se siente cómodo dibujando situaciones políticas?
Si, lo disfruté. Cuando decido trabajar en proyectos así, tomo un compromiso completo con el proyecto y no puedo hacerlo a medias. Estoy de acuerdo con cada línea del libro y las situaciones que hay en él. Me gusta la sátira y el humor y no hay que llevarlo más allá de eso.
¿Qué tanto le apasiona la crítica política?
No quisiera estar catalogado como caricaturista porque me incomoda esa simbiosis que tiene la caricatura con la política. No me agrada la idea de que mi trabajo dependa de qué hace un personaje de estos.
Yo me distancio un poco de allí porque no soy como Matador o Vladdo. De política prefiero los trabajos largos, en donde también está la indignación de cada ciudadano. En ellos también expreso cosas que me indignan.
¿Fue objetivo al momento de dibujarlos o se desquitó con alguno?
Fui bastante objetivo porque todos me caen mal. Igual el escenario no daba para hacer cosas pesadas. El chiste está en sí mismo. El personaje con el que se visten los políticos todos los días es otra caricatura. Puede que en la vida privada sean maravillosos padres, hermanos o hijos, pero lo que uno ve en las noticias es eso, una caricatura más.
*
Cifuentes cierra anunciando que tiene en proyecto una serie de pinturas de políticos a manera de antihomenaje a estos, pues según el artista, sus malas administraciones merecen un reconocimiento diferente a bautizar calles con sus nombres.
En cuanto a su trabajo artístico también aclaró que le gusta más el público general de las redes sociales que aquel que puede encontrar en las exposiciones exclusivas en museos de arte. “No le veo gracia a esperar que un curador diga qué emoción debe manifestarse ante un trabajo artístico. Cada uno tiene sus formas de interpretar esto”, concluye.
