Sábado, 22 de Octubre de 2011
-1-
La reforma educativa que se cocina en el gobierno y en el congreso podría ser la prueba de fuego para el señor presidente Santos. El manifestó que podría ser considerado como un traidor de clase. En el sentido de enfrentarse a la suya con tal de defender los intereses populares. Tiene ahora ésta, entre otras muchas, para pasar de la teoría a la acción. Tarea difícil porque ya no se debaten, como en la reforma de López Pumarejo de mil novecientos treinta y seis, fruto de una aspiración continental, ideas liberales progresistas, sino los dictados de la globalización. Es el neoliberalismo que pretende imponer un estándar educativo para el mundo en el que imperen y se defiendan conceptos, como que es más importante el dinero que el hombre. Y si esto es así los parámetros de la educación deben tener por objeto enriquecer a las grandes transnacionales. Utilizándola como instrumento para sus ganancias. Crear un hombre deshumanizado que sea simplemente una máquina de producción de mercancías. En el que, por lo ta
nto, le sea ajena la cultura humana. Al estilo de esos tecnócratas engreídos que ahora pueblan las oficinas públicas sin nadita que decir. A no ser las yermas estadísticas de la inequidad. Ya se sabe que el neoliberalismo sufre de envejecimiento prematuro, se encuentra desprestigiado. No es conveniente aplicar esta medicina. Es mejor evitar las grandes sacudidas sociales.
-2-
Santos lo sabe cómo buen alumno de esa tecnocracia que angustia a Colombia. Sabe que ese proyecto de reforma educativa, que contempla, soterradamente, entre otras, la privatización por el gran capital de la universidad pública, es un producto Made in Usa y Fondo Monetario Internacional. Necesitan de una educación y de una universidad que enseñen y justifiquen los valores del mundo que proyectan para el porvenir. En su corta existencia la globalización ha destrozado el mercado equitativo. Lanzando a millones de hombres a la desesperación y a la muerte. La guerra su medio de combate y la humillación de los pueblos su deporte preferido. Entonces si quiere Santos pasar a la historia, como un hombre al que no le son ajenas las causas populares, y hacer de su gobierno, algo por lo menos reformista, debe ponerse pilas. Ponerse la camiseta de Colombia. Meterle muchos goles al atraso, a la ignorancia, y alinear en el equipo de quienes con su esfuerzo, con su trabajo, y con su lucha, hacen mucho por Colombia. No pued
e jugar en el mismo equipo del presidente de Chile, señor Sebastián Piñeira. Alumno dócil del neoliberalismo. No es extrañarlo en él. No hay que olvidar que viene de las canteras ideológicas del pinochetismo, que aun superviven con gran influencia en su país. Pero ahí tienen los resultados.
La reforma educativa que se cocina en el gobierno y en el congreso podría ser la prueba de fuego para el señor presidente Santos. El manifestó que podría ser considerado como un traidor de clase. En el sentido de enfrentarse a la suya con tal de defender los intereses populares. Tiene ahora ésta, entre otras muchas, para pasar de la teoría a la acción. Tarea difícil porque ya no se debaten, como en la reforma de López Pumarejo de mil novecientos treinta y seis, fruto de una aspiración continental, ideas liberales progresistas, sino los dictados de la globalización. Es el neoliberalismo que pretende imponer un estándar educativo para el mundo en el que imperen y se defiendan conceptos, como que es más importante el dinero que el hombre. Y si esto es así los parámetros de la educación deben tener por objeto enriquecer a las grandes transnacionales. Utilizándola como instrumento para sus ganancias. Crear un hombre deshumanizado que sea simplemente una máquina de producción de mercancías. En el que, por lo ta
nto, le sea ajena la cultura humana. Al estilo de esos tecnócratas engreídos que ahora pueblan las oficinas públicas sin nadita que decir. A no ser las yermas estadísticas de la inequidad. Ya se sabe que el neoliberalismo sufre de envejecimiento prematuro, se encuentra desprestigiado. No es conveniente aplicar esta medicina. Es mejor evitar las grandes sacudidas sociales.
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Santos lo sabe cómo buen alumno de esa tecnocracia que angustia a Colombia. Sabe que ese proyecto de reforma educativa, que contempla, soterradamente, entre otras, la privatización por el gran capital de la universidad pública, es un producto Made in Usa y Fondo Monetario Internacional. Necesitan de una educación y de una universidad que enseñen y justifiquen los valores del mundo que proyectan para el porvenir. En su corta existencia la globalización ha destrozado el mercado equitativo. Lanzando a millones de hombres a la desesperación y a la muerte. La guerra su medio de combate y la humillación de los pueblos su deporte preferido. Entonces si quiere Santos pasar a la historia, como un hombre al que no le son ajenas las causas populares, y hacer de su gobierno, algo por lo menos reformista, debe ponerse pilas. Ponerse la camiseta de Colombia. Meterle muchos goles al atraso, a la ignorancia, y alinear en el equipo de quienes con su esfuerzo, con su trabajo, y con su lucha, hacen mucho por Colombia. No pued
e jugar en el mismo equipo del presidente de Chile, señor Sebastián Piñeira. Alumno dócil del neoliberalismo. No es extrañarlo en él. No hay que olvidar que viene de las canteras ideológicas del pinochetismo, que aun superviven con gran influencia en su país. Pero ahí tienen los resultados.
