Sábado, 3 de Mayo de 2014
Ha pasado inadvertida en Colombia como noticia y como experiencia de lo que es la negociación de un proceso de paz lo que se firmó en los últimos meses en Filipinas: el acuerdo al que llegó el gobierno de ese país con una guerrilla de origen musulmán que llevaba cerca de cuarenta y cinco años luchando tratando de obtener su independencia. Se firmó el acuerdo en Manila y se hizo dentro del marco de un régimen de autonomías en el que se le entregó una isla llamada Mindanvo en el sur del país a la antigua guerrilla que podrá administrarla, recaudar sus propios impuestos, tendrá su propia policía, y como quiera que se trataba de un grupo insurgente cuya principal razón de lucha era de origen religioso, tendrán derecho a mantener su propio culto y prácticas musulmanas, autonomía que se les da siempre y cuando respeten la constitución nacional filipina y desde luego con la entrega de las armas. Así se firmó la paz en ese país asiático. Un aspecto fundamental del acuerdo de paz, que nos concierne, es que las conversaciones duraron 17 años. Aquí llevamos un año.
Surgen varios interrogantes a esa experiencia de Filipinas: Será aplicable el mismo esquema de autonomías en Colombia? Hasta dónde la práctica del narcotráfico finalmente es un factor que crea condiciones diferentes que impedirían un acuerdo de esa magnitud? Qué tan cohesionada está la guerrilla en nuestro país que llevaría a que si los que están en la Habana firmen la paz, otros grupos realmente se sumen a ese acuerdo y depongan las armas? Cuál sería la verdadera voluntad de paz de una guerrilla que podría llegar a tener voces de gobiernos extranjeros como los de Cuba y Venezuela que los incitaría a seguir con su lucha? Qué pasaría con el proceso de paz en Colombia en el evento en que Santos no sea reelegido?
Lo que más llama la atención del proceso de Filipinas es el tiempo que duraron las conversaciones, 17 años de diálogo, que muestra y de paso nos enseña que el objetivo de la paz para una nación atraviesa por muchas dificultades y fases que no son posibles solucionarlas en un espacio de pocos meses y menos un conflicto como el de Colombia tan lleno de historia y violencia. Quizás para la sociedad colombiana las conversaciones de La Habana han guardado un nivel exagerado de hermetismo que no le permiten hoy por hoy conocer al ciudadano los resultados de la misma, que han llevado al elector a no creer en la misma como se pudo reflejar en una reciente encuesta que muestra que para el ciudadano hoy es más importante el tema de seguridad, movilidad y empleo que el mismo tema de la paz y por ello van a votar en las próximas elecciones. Peor aún, son varias las manifestaciones de la guerrilla en el sentido de que están dispuestos a firmar la paz, pero no entregarían las armas. Finalmente las encrucijadas de la paz de las que por fortuna, Filipinas acaba de firmar con el frente Moro de Liberación. Buen ejemplo a seguir
Surgen varios interrogantes a esa experiencia de Filipinas: Será aplicable el mismo esquema de autonomías en Colombia? Hasta dónde la práctica del narcotráfico finalmente es un factor que crea condiciones diferentes que impedirían un acuerdo de esa magnitud? Qué tan cohesionada está la guerrilla en nuestro país que llevaría a que si los que están en la Habana firmen la paz, otros grupos realmente se sumen a ese acuerdo y depongan las armas? Cuál sería la verdadera voluntad de paz de una guerrilla que podría llegar a tener voces de gobiernos extranjeros como los de Cuba y Venezuela que los incitaría a seguir con su lucha? Qué pasaría con el proceso de paz en Colombia en el evento en que Santos no sea reelegido?
Lo que más llama la atención del proceso de Filipinas es el tiempo que duraron las conversaciones, 17 años de diálogo, que muestra y de paso nos enseña que el objetivo de la paz para una nación atraviesa por muchas dificultades y fases que no son posibles solucionarlas en un espacio de pocos meses y menos un conflicto como el de Colombia tan lleno de historia y violencia. Quizás para la sociedad colombiana las conversaciones de La Habana han guardado un nivel exagerado de hermetismo que no le permiten hoy por hoy conocer al ciudadano los resultados de la misma, que han llevado al elector a no creer en la misma como se pudo reflejar en una reciente encuesta que muestra que para el ciudadano hoy es más importante el tema de seguridad, movilidad y empleo que el mismo tema de la paz y por ello van a votar en las próximas elecciones. Peor aún, son varias las manifestaciones de la guerrilla en el sentido de que están dispuestos a firmar la paz, pero no entregarían las armas. Finalmente las encrucijadas de la paz de las que por fortuna, Filipinas acaba de firmar con el frente Moro de Liberación. Buen ejemplo a seguir
