Lunes, 13 de Enero de 2014
~Se celebró, a finales del año pasado, según dijeron las noticias, el día
mundial del inodoro. Sí, señora, el día del inodoro, tal como lo oye,
lo que quiere decir que ya no solo se celebra el día del agua y el día
la tierra y el día del medio ambiente, sino también el día de ese
artefacto, generalmente blanco, algunas veces reluciente, aunque su
nombre es todo un mundo de contradicción.~
Se celebró, a finales del año pasado, según dijeron las noticias, el día mundial del inodoro. Sí, señora, el día del inodoro, tal como lo oye, lo que quiere decir que ya no solo se celebra el día del agua y el día la tierra y el día del medio ambiente, sino también el día de ese artefacto, generalmente blanco, algunas veces reluciente, aunque su nombre es todo un mundo de contradicción.
Me parece muy bueno que las autoridades mundiales pongan los ojos en un objeto en el que los demás mortales ponen no solamente los ojos, lo cual da una muestra de la preocupación universal por las cosas elementales de la vida. Elementales, pero necesarias.
Lo primero que hay que decir es que el nombre está mal puesto, o que, al menos, no corresponde a la realidad. En efecto, la palabra inodoro significa “que no tiene olor”, lo cual no es cierto, pues ya se sabe que éste es el lugar de la casa que más olores produce. De ahí que cuando algún desconocido indaga por el lugar donde queda el inodoro, no falta quien le responda: siga al fondo, que el olor lo lleva.
Otro nombre mal puesto es el que colocan, en algunos baños públicos, para separar el inodoro de las mujeres, del inodoro de los hombres. Escriben en una tablillita “caballeros”, y en otra, “damas”, olvidando que ni todos los hombres son caballeros, ni todas las mujeres son damas. Por eso cuentan que alguna vez en un restaurante de Buenos Aires un hombre de dudosa reputación le preguntó a Borges por el sitio del inodoro. Y el escritor, que sabía del sujeto, le contestó: ”Siga al fondo y encontrará un aviso que dice ‘caballeros’. No importa: entre ahí”.
Son varios los nombres con los cuales se identifica al inodoro: Cuando yo estaba en la escuela debíamos pedirle permiso a la maestra para ir al “cuartico”. El “cuartico” quedaba alejado de la casa, en el solar, pero significó un avance en materias higiénicas, pues antes cada quien hacía sus necesidades al descampado, debajo de un matarratón o al pie de una palma de coco.
Cuentan que en las pensiones de los caminos donde no había “cuartico”, la dueña de casa le señalaba al necesitado el cafetal y le daba una máscara y un palo: la máscara para que no lo conocieran y el palo para espantar los marranos. Los cafetales cumplían, así, también, la función de baños públicos.
Años después, a los “cuarticos” les dieron el nombre de letrinas y más tarde se les llamó retretes. Las letrinas eran unos hoyos grandes cavados en la tierra, que cubrían con piedras y cemento. Los retretes permitían el lavado, de manera que tocaba entrar con un balde de agua porque no existía el acueducto.
La gente bien hablada empezó a llamar “sanitario” al baño o también “servicio sanitario”, hasta que se llegó al nombre genérico de “baño”, que abarcaba el inodoro y la ducha.
Los “baños” de ahora forman parte de la edificación, de manera que ya no se concibe la idea de un “baño” en el solar, o de un “cuartico” al fondo de la casa.
Sea como sea, los baños se modernizaron, tomaron importancia arquitectónica, se metieron hasta las alcobas y hoy hasta ya tienen su día de celebración. Muy bien por los inodoros, aunque no sean tan inodoros.
Me parece muy bueno que las autoridades mundiales pongan los ojos en un objeto en el que los demás mortales ponen no solamente los ojos, lo cual da una muestra de la preocupación universal por las cosas elementales de la vida. Elementales, pero necesarias.
Lo primero que hay que decir es que el nombre está mal puesto, o que, al menos, no corresponde a la realidad. En efecto, la palabra inodoro significa “que no tiene olor”, lo cual no es cierto, pues ya se sabe que éste es el lugar de la casa que más olores produce. De ahí que cuando algún desconocido indaga por el lugar donde queda el inodoro, no falta quien le responda: siga al fondo, que el olor lo lleva.
Otro nombre mal puesto es el que colocan, en algunos baños públicos, para separar el inodoro de las mujeres, del inodoro de los hombres. Escriben en una tablillita “caballeros”, y en otra, “damas”, olvidando que ni todos los hombres son caballeros, ni todas las mujeres son damas. Por eso cuentan que alguna vez en un restaurante de Buenos Aires un hombre de dudosa reputación le preguntó a Borges por el sitio del inodoro. Y el escritor, que sabía del sujeto, le contestó: ”Siga al fondo y encontrará un aviso que dice ‘caballeros’. No importa: entre ahí”.
Son varios los nombres con los cuales se identifica al inodoro: Cuando yo estaba en la escuela debíamos pedirle permiso a la maestra para ir al “cuartico”. El “cuartico” quedaba alejado de la casa, en el solar, pero significó un avance en materias higiénicas, pues antes cada quien hacía sus necesidades al descampado, debajo de un matarratón o al pie de una palma de coco.
Cuentan que en las pensiones de los caminos donde no había “cuartico”, la dueña de casa le señalaba al necesitado el cafetal y le daba una máscara y un palo: la máscara para que no lo conocieran y el palo para espantar los marranos. Los cafetales cumplían, así, también, la función de baños públicos.
Años después, a los “cuarticos” les dieron el nombre de letrinas y más tarde se les llamó retretes. Las letrinas eran unos hoyos grandes cavados en la tierra, que cubrían con piedras y cemento. Los retretes permitían el lavado, de manera que tocaba entrar con un balde de agua porque no existía el acueducto.
La gente bien hablada empezó a llamar “sanitario” al baño o también “servicio sanitario”, hasta que se llegó al nombre genérico de “baño”, que abarcaba el inodoro y la ducha.
Los “baños” de ahora forman parte de la edificación, de manera que ya no se concibe la idea de un “baño” en el solar, o de un “cuartico” al fondo de la casa.
Sea como sea, los baños se modernizaron, tomaron importancia arquitectónica, se metieron hasta las alcobas y hoy hasta ya tienen su día de celebración. Muy bien por los inodoros, aunque no sean tan inodoros.
