Si no lo sabían, el 5 de octubre es el Día Mundial de los Profesores. Y si revisamos lo que pasa en el planeta, la situación nuestra no dista mucho de una advertencia expuesta por la Unesco sobre el déficit de 69 millones de profesores a nivel global.
Se trata de un argumento para meditar en instantes que estamos cerca de abrir los procedimientos para matrículas de estudiantes nuevos en los colegios públicos en Norte de Santander.
Probablemente debemos llegar a la consideración de lo urgente que es vigorizar la nómina del magisterio con una perspectiva de lograr cobertura para todos los niños, niñas y adolescentes en cada una de las etapas de escolaridad previas a la educación superior.
El hecho de que falten maestros para determinadas asignaturas o en etapas como el de la educación primaria implica cercenar este derecho a los alumnos y empujarlos a un mundo de riesgo producto de la deserción o la falta de cupo por ese motivo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de la cual hacemos parte, encontró que mientras en Colombia existen 25 alumnos por cada profesor de primaria, en el resto de países de ese bloque la relación es de 15 estudiantes por cada docente.
Trayendo ese análisis a la cruda realidad, no hay nada de raro que este panorama esté dejando su marca en la mala calidad educativa, puesto es muy diciente que el propio Ministerio diga que dos de cada tres niños de cuarto grado, en zonas rurales, no han aprendido a leer.
Y otro factor OCDE también nos hace ver mal. En la mayoría de naciones que lo integran, en secundaria hay un profesor por cada 13 alumnos, mientras aquí el promedio es, repetimos, de un docente por 25 estudiantes.
El Estado debería tomar esas mediciones y elevar las metas de reforzamiento de la planta docente, elevar el presupuesto y definir metas para ir desmontando el déficit de plazas y crear nuevas para que la universalización cierre una de las brechas de la inequidad, como lo es la desigualdad educativa.
En nuestro caso, hay disparidades en las cifras, aunque los representantes de los docentes coinciden en que es necesario que el Gobierno Nacional autorice la ampliación de la planta definitiva por el crecimiento sostenido de la matrícula.
Pero no es solo cuestión del número de profesores. Debe trabajarse también en mejorar la calidad de ellos, cada vez más, cuestión que poco se toca.
Aquí hay un elemento que debe ser observado al momento de tomar decisiones, y es el relacionado con los niños migrantes venezolanos que siguen buscando cupos aquí.
Asinort ha calculado en unos 400 los profesores que hacen falta en Norte de Santander para darle cobertura a la demanda educativa actual en el sector oficial, tanto en el área urbana como rural y así prevenir que las aulas se queden vacías y los niños tomen el rumbo del trabajo o la delincuencia.
Aquí es bueno señalar que en ocasiones se ha venido tratando de solventar con la provisionalidad, lo cual finalmente no soluciona nada y deja más dudas que repuestas.
En últimas, se espera un real esfuerzo nacional, regional y municipal para que los colegios y escuelas oficiales tengan el personal docente suficiente y no haya motivo ni excusa ninguna para que los pupitres se queden vacíos.
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