Todo está caro, se leía en un puente. Y en realidad ese muro dice la verdad, porque hoy Cúcuta volvió al podio como la ciudad más costosa de Colombia, sobrepasando de lejos el indicador nacional inflacionario, asunto que implica menos consumo, disminución de la demanda y riesgos de más hambre y desnutrición.
Con esas dos amenazas reales sobrevolando la región, provocadas por este regresivo impuesto indirecto, el DANE nos notificó que vamos punteando en el Índice de Precios al Consumidor anual, con el 14,73 por ciento, y el 1,20 por ciento en septiembre.
Y para los colombianos en general la inflación se convirtió en un depredador insaciable de sus presupuestos, porque al llegar la tasa anual al 11,73 por ciento nos recuerda viejas temporadas de intensa carestía, como aquella de marzo de 1999 cuando marcó el 13,51 por ciento.
En otras palabras, se acaba de poner el récord de la más alta inflación anualizada en el siglo XXI.
La guerra entre Rusia y Ucrania, los problemas de logística en la cadena de suministros en el mundo, y la burbuja de previstos futuros impactos por el alza gradual de los combustibles, por la reforma tributaria y ahora el efecto que genere la fuerte temporada de lluvias.
Habrá de esperarse un alivio con la compra de urea a Monómeros Colombo-venezolanos, cuyos cargamentos ya llegaron al país, porque uno de los disparadores del precio de los alimentos han sido, precisamente, los caros fertilizantes.
Para casos como el de Cúcuta, sería un gran apoyo efectivo a cientos de familias de escasos ingresos, que la Alcaldía, las empresas de transporte urbano, junto con Prosperidad Social, pusieran su grano de arena antiinflacionario con una tarifa diferencial o un subsidio para el transporte de miles de alumnos de los estratos uno y dos, incluyendo a los del área metropolitana.
Y el Gobierno Nacional debería evaluar la posibilidad de generar una ley de precios, pesas y medidas para que el presupuesto familiar -más allá de lo que impone el libre juego de la oferta y la demanda- tenga al menos una protección legal con ciertas normas básicas.
No caería mal que revisaran las bondades del antiguo Idema (Instituto de Mercadeo Agropecuario) para cerrarles el margen de maniobra a los intermediarios que ofrecen precios ruinosos a los campesinos y luego elevan los precios a su amaño.
Y la administración departamental y la dirigencia regional que hoy están ante dos males complicados, la inflación y las vías cerradas por daños invernales, debieran entender que la vialidad es importante garantizarla y que por lo tanto las vías terciarias, por donde salen los alimentos es indispensable mantenerlas y mejorarlas de una vez por todas.
Es decir, ya que el gobierno central ha planteado algunas opciones entre ellas las obras por medio de las juntas comunales, pues avanzar desde ya para que Norte de Santander logre conjurar definitivamente ese inconveniente que tiene su reflejo en el bolsillo de las familias al momento de ir a mercar.
De lógica que el fenómeno inflacionario es complejo con la grave particularidad de que en muchos de los productos y servicios que afecta, sus precios de venta al público no vuelven a bajar, así hayan cesado todos los factores que lo provocaron.
Para concluir, es bueno guardar estos datos: En el año 2000, la inflación anual en Cúcuta fue de 10,5 por ciento, en 2010 se situó en 2,4 por ciento, en 2015 llegó al 5,6 por ciento, en 2020 al 2,89 por ciento y el año pasado cerró en 8,69 por ciento.
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