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Cuando éramos un solo Santander
~Cuentan los historiadores (y éstos son gente muy seria, a los que hay que creerles casi todo) que hubo una época, un poco después de los tiempos en que hablaban las enjalmas, en que Colombia era un país bueno, sin la corrupción de ahora, que los políticos cumplían lo prometido, no había narcotráfico, ni guerrilla, ni paramlitarismo, y que el país estaba dividido en Estados, no en departamentos como ahora.~
Miércoles, 15 de Enero de 2014
~Cuentan los historiadores (y éstos son gente muy seria, a los que hay que creerles casi todo) que hubo una época, un poco después de los tiempos en que hablaban las enjalmas, en que Colombia era un país bueno, sin la corrupción de ahora, que los políticos cumplían lo prometido, no había narcotráfico, ni guerrilla, ni paramlitarismo, y que el país estaba dividido en Estados, no en departamentos como ahora.~ Cuentan los historiadores (y éstos son gente muy seria, a los que hay que creerles casi todo) que hubo una época, un poco después de los tiempos en que hablaban las enjalmas, en que Colombia era un país bueno, sin la corrupción de ahora, que los políticos cumplían lo prometido, no había narcotráfico, ni guerrilla, ni paramlitarismo, y que el país estaba dividido en Estados, no en departamentos como ahora.

Así las cosas, Santander era un solo territorio, conformado por lo que hoy son los departamentos de Santander y Norte de Santander. Un Estado, con constitución propia, y perteneciente a los Estados Unidos de Colombia. La cosa quedó así hasta 1886, en que la nueva Constitución, centralista, echó por tierra la división federalista, creó departamentos en lugar de estados y, para bien o para mal, nos separamos de los amigos del sur, que tomaron el nombre de Santander, mientras a nosotros nos llamaron Norte de Santander.

Pues bien. De toda esta historia, que es sabrosa e interesante, nos hablará mañana viernes, en la Torre del Reloj, Secretaría de Cultura del departamento, el académico Eduardo Durán Gómez, quien se desempeña actualmente como Notario 38 de Bogotá.

Eduardo Durán Gómez es toda una autoridad en asuntos de historia y en otros asuntos. Es santandereano, de pura cepa, de los pingos de Bucaramanga, pero emparentado con los toches de Cúcuta, pues su esposa es una distinguida dama cucuteña, además de que tiene familiares en esta ciudad. Durán Gómez es miembro de la Academia Colombiana de Historia, presidente de la Academia Santanderista de Colombia, miembro de la Academia de Historia de Santander y miembro de Número de la Academia de Historia de Norte de Santander.  Por si fuera poco, fue director durante diez años del periódico Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, y actualmente es columnista de La Opinión, de Cúcuta.

Durán Gómez, que además es un ameno conversador y brillante expositor, acaba de publicar dos libros: El Estado Soberano de Santander, y un estudio sobre el jurista santandereano Manuel Serrano Blanco, dos libros sobre los cuales versará la conferencia de mañana viernes.

Con este conversatorio, la Academia de Historia de Norte de Santander inicia sus labores este año, en el que celebraremos numerosas actividades pues la Academia cumple 80 años de fundada. Fue en 1934 cuando Rafael Espinosa, Teodoro Gutiérrez Calderón, Miguel Durán Durán y otras personalidades del departamento crearon el Centro de Historia de Norte de Santander, que después pasó a llamarse Academia de Historia.

De manera, pues, que está todo el mundo invitado a esta conferencia, en la que recordaremos algunas cosas y aprenderemos otras sobre nuestra historia, para no estar condenados a repetir lo que ya vivimos, según dice un viejo y conocido refrán.

La cita es mañana viernes, a las 5 de la tarde en el auditorio Eduardo Cote Lamus, de la Torre del Reloj. Allí nos encontraremos con el señor Gobernador y su gabinete, el señor Alcalde y su gabinete, académicos, rectores y estudiantes de las universidades, abogados, médicos, ingenieros, estudiosos y no estudiosos, vagos y no tan vagos, políticos, empleados, empresarios, en fin, todos los que  quieran darse un banquete de historia regional. Allá estaremos, como decía Mogollón.
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