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Salvado del derrame
Alfonso Guerra Duitama, al igual que Moisés, el personaje bíblico que guió al pueblo de Israel a través del desierto durante 40 años hasta la tierra prometida, también fue salvado de las aguas.
Martes, 13 de Diciembre de 2011
Alfonso Guerra Duitama, al igual que Moisés, el personaje bíblico que guió al pueblo de Israel a través del desierto durante 40 años hasta la tierra prometida, también fue salvado de las aguas.
jhon.jacome@laopinion.com.co

Alfonso Guerra Duitama, al igual que Moisés, el personaje bíblico que guió al pueblo de Israel a través del desierto durante 40 años hasta la tierra prometida, también fue salvado de las aguas.

La diferencia entre los dos personajes radica en que, a Moisés lo salvaron de las aguas del río Nilo siendo un bebé y a Alfonso lo rescataron de las corrientes contaminadas por petróleo del río Pamplonita, a sus 50 años.

Las imágenes de Guerra Duitama siendo arrastrado por la corriente contaminada del río Pamplonita, mientras lucha por su vida ante la mirada atónita de sus compañeros, han sido vistas en la página web del Diario La Opinión más de 1.500 veces.

“Ayuden a sacarlo, mano”; “Se está ahogando, se está ahogando”; “Llamen a la ambulancia, a los paramédicos”, fueron algunos de los gritos desesperados que Alfonso escuchó desde la orilla del río mientras recorría los 100 metros más eternos de su vida, dándose golpes del tumbo al tambo con las piedras manchadas de crudo.

Alfonso Guerra, quien se define a sí mismo como una persona que  toda la vida se ha dedicado al trabajo material, en minas y en lo que salga, tiene claro qué fue lo que pasó la tarde del domingo pasado, su primer día como trabajador temporal de Ecopetrol.

“El problema se presentó porque, al botarme al río, me pegué con una piedra en la rodilla y, al pegarme ahí, ‘perdí el año’. Quedé colgando de los lazos que estaban sujetando la cortina con la que se recogía el crudo que bajaba por el río y la corriente me ganó, me arrastró”, afirmó con vehemencia, para rematar, en medio de su fortaleza de hombre curtido por el sol que quema la espalda de los obreros: “Eso fue todo, no fue más”.

Al verlo cargar un costal, mientras se acerca a dar la que sería su primera entrevista en la vida, se tiene la impresión de que se está frente a otra persona, no la que estuvo a punto de morir por ingerir agua contaminada con petróleo.

Alfonso, quien atendió el llamado de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) para colaborar en la limpieza del río Pamplonita, afectado por el derramamiento de crudo en la vereda Cuéllar de Chinácota, sabía que su vida corría peligro.

“Cuando caí al río, cerré los ojos y la boca…a lo que Dios tuviera dispuesto. Por eso fue que no tragué nada de petróleo, ni tampoco me entró a los ojos”, manifestó.  

En medio de su sencillez, Alfonso reconoce que al cerrar los ojos y la boca salvó su vida.

“Gracias a Dios no tragué de esa agua porque yo sé nadar y sabía que esa ‘cosa’ me iba a hacer daño si la tragaba”, sostuvo.

Aunque hoy está bien, hay algo que le preocupa, y es haber perdido sus botas de dotación.  

“Era mi primer día de trabajo y las perdí. Cuando caí al río las botas eran lo único que sí me tenían ‘maniatado’, pero me las quité y el agua se las llevó a ellas, no a mí”.

Después del accidente, que se presentó el domingo después de las 4:00 de la tarde en el punto de control permanente que Ecopetrol tiene a la altura del corregimiento La Garita, Alfonso fue remitido de urgencia al Hospital de Los Patios.

Allí, ingresó con trauma cerrado de tórax, se canalizó y se le administró medicamento para el dolor, sostuvo un funcionario del Hospital.

Hacia las 5:55 de la tarde fue remitido en ambulancia hacia el Hospital Erasmo Meoz para que fuera atendido por un especialista.

En el Erasmo Meoz quedó reseñado su ingreso a las 6:34 de la noche.

Según manifestó Alfonso a los médicos que lo valoraron en el Hospital, el accidente se presentó “al resbalar al río Pamplonita cuando intentaba colocar barreras para la contención del crudo”.

En el Meoz le tomaron una serie de Rayos X que arrojaron traumatismos en el tórax y, pasadas las 9:30 de la noche, salió rumbo hacia su casa en El Pórtico, donde ha vivido siempre rodeado de sus hermanos.

El lunes, un día después de haber sobrevivido a las aguas contaminadas con petróleo del río Pamplonita, Alfonso se presentó puntual en su lugar de trabajo.

“Yo estoy bien, gracias a Dios. Lo que sí me siento es el cuerpo maltratado donde me pegaron los lazos y las piedras, no es más”, finalizó diciendo. Luego, tomó su costal y siguió trabajando como si nada hubiera pasado.
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