“La laguna donde nazco fue visitada por el campesino Genaro Rojas. Él me contó que en 1947 el agua que almacenaba amanecía congelada, que el verano era dos veces al año y la neblina aparecía a las 10 de la mañana. Los bosques se tumbaron y la neblina no tiene donde posarse”.
En la antigüedad era conocido como ‘Los carates’. Así me llamaron los españoles que exploraron por primera vez las zonas aledañas a mi cuenca en 1565. Ese nombre me lo dieron por las manchas que tenían en la piel las 15 tribus indígenas que dependían de mí para subsistir.
En esa época los pueblos aborígenes tenían una conexión mística con la naturaleza, al punto que sabían cuando los cultivos de maíz estaban para cosechar, siguiendo al sol y a la luna.
El equilibrio se mantenía y era feliz. Los recursos eran abundantes, las selvas montañosas y la fauna tan diversa, que me sentía en el paraíso. Sin embargo, eso no dura para siempre y la debacle -más sangrienta que la derrota de los indígenas- llegó.
Por su expresión, veo que está que pregunta. ¡Hágalo! Pero si tenemos que parar no se moleste, mis pulmones dejaron de ser los de un adolescente.
¿En qué año se rompió el equilibrio?
La lucha con el hombre empezó en 1958, cuando ni la lluvia, los fuertes vientos y el granizo que acostumbraba a caer en el páramo de Jurisdicciones -de Ábrego- impidieron que se diera inicio a la destrucción de los ecosistemas de alta montaña, donde nazco. Se abrieron carreteras para instalar antenas de comunicaciones a 44 kilómetros del centro de Ábrego.
¿Eso quiere decir que está en contra del progreso?
No. Estoy en contra del sacudón que le dieron al páramo y del desequilibrio causado. Las personas intervienen terrenos frágiles como los páramos y no piensan en las consecuencias. Con la carretera llegaron colonos, se talaron bosques, cercaron predios y habilitaron vastas áreas para ganadería y agricultura.
¿Qué tiene que ver eso con sus pulmones?
La riqueza de Jurisdicciones es la capacidad para producir agua. A 3.400 metros de altura está la laguna ‘Pan de Azúcar’, en la cual, por filtración de agua nacen mis padres, los ríos Frío y Oroque, que en la parte media del páramo se unen con mi prima la quebrada Tenería y me forman. La laguna tenía más de 200 metros de larga y estaba rodeada de bosques, hoy es bebedero del ganado y está dividida por cercas. Los árboles se tumbaron y eso me afectó la respiración, vivo con asma.
¿En la cuenca qué más lo deprime?
Hay un desbalance hídrico por la expansión de la agricultura, la ganadería y más deforestación. La vegetación regula el agua y evita que la erosión afecte los suelos, además mantiene las condiciones físicas de mis aguas. A eso súmele los agroquímicos.
¿Los culpables son los campesinos?
Es una responsabilidad compartida de las autoridades y de las comunidades. Ellos reconocen que han destruido, pero dicen que el Estado no los apoya para cambiar de actividad económica.
¿Le gusta que rieguen con su agua?
No soy envidioso, pero eso debe hacerse con mesura. Un punto donde más se riega con mis aguas es en el distrito de Ábrego, construido en 1964. Sin embargo, coincido con Wilson Angarita, el decano de la Facultad de Ciencias Agrarias y del Ambiente de la Universidad Francisco de Paula Santander de Ocaña. Él argumenta que el problema con estas captaciones de alto volumen es que el agua que no se utiliza no retorna a mi cauce.
¿Qué tanta agua le quitan?
La suficiente para estar deshidratado. El decano Angarita me cuenta que el distrito está diseñado para captar 2.500 litros por segundo, de los cuales se aprovecha solo el 20 por ciento. Sin embargo, el representante legal del distrito, Saúl Álvarez Vergel, dice que son 128 litros por segundo. Además, aclaro, que el agua allí la toman de mis padres, pero si ellos se secan, ocurre lo mismo conmigo.
¿Hay plan B en el distrito por sequía?
Sí, pero esas acciones deberían ser permanentes. Por la sequía están trabajando el riego en turnos de 12 horas. Optaron por no cultivar más y cosechar lo plantado, me refiero a fríjol, maíz, tomate, cebolla peruana y pimentón. En el distrito tienen 1.100 hectáreas cultivadas por 433 familias.
¿Si disminuye más su caudal los ocañeros se quedarán sin agua?
Ellos se abastecen de mi primo el río Tejo -que está más seco que yo- y de mí. He visto preocupado al jefe del área operativa de la Empresa de Servicios Públicos, Santander Rincón Lozano, porque el 81 por ciento de los 27.000 usuarios de Ocaña se abastecen de mis aguas.
¿Habrá racionamientos?
En la bocatoma de la planta de tratamiento Algodonal toman 190 litros por segundo. Hace 20 días mi caudal en ese punto era de 1.800 y ahora es de 1.300. El promedio histórico es de 800 litros por segundo y el problema es si llegó a 400… para allá voy.
¿Qué propone para conservarlo?
Cumplir lo plasmado en el Plan de Ordenamiento de mi cuenca. Le hablo de la recuperación y conservación del páramo Jurisdicciones, de incentivos económicos para los campesinos que protejan, de crear instrumentos de planificación para los ecosistemas, de habilitar semilleros de investigación vinculando a los estudiantes y creando un corredor biológico que conecte la parte baja-media-alta de la cuenca.
*Eduardo Rozo Jaimes | La Opinión
eduardo.rozo@laopinion.com.co
