Por otro lado, el gobierno también echará mano de las propiedades confiscadas al narcotráfico y de "recursos propios" para comprar fincas y cederlas en arriendo.
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Matarse por tierra
La llegada de Petro al poder animó a indígenas y a otros campesinos a ocupar a la fuerza predios en por lo menos diez de los 32 departamentos del país, en lo que se perfila como uno de los primeros conflictos sociales del inédito gobierno de izquierda.
En la actualidad hay 108 propiedades ocupadas, según la Defensoría del Pueblo, el organismo estatal que vela por la defensa de los derechos humanos.
Sin condenar esas acciones, Vega reconoce que "hay una gran expectativa".

El "reto" es saber "cómo hacemos que la gente no ocupe para presionar, para que la gente no llegue a la vía del hecho (...) sino que se haga de manera institucional", dice en su oficina en Bogotá.
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Tras dejar el ala política del EPL, fiel al maoísmo en sus inicios en los años 1960 y luego de inspiración marxista-leninista, Vega se instaló en el Urabá, una región bananera del noroeste de Colombia.
Cuando llegó, dice, campesinos desplazados ya tomaban a la fuerza predios de las multinacionales.
Como abogado representó a casi 6.000 de ellos mientras fue director de la ONG Forjando Futuros. En las tres décadas después de firmar la paz también fue diputado departamental y cónsul ante Bélgica y Luxemburgo.
En su cruzada por conseguir tierras para los campesinos, Vega enfrentó amenazas y estuvo en la mira de los paramilitares de Los Urabeños, que se aliaron con ganaderos, bananeros y cultivadores de palma de aceite.
"En un país que no ha desarrollado el campo la gente termina matándose por tierras y por agua, esa es la historia", apunta.
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