Apropiación cultural
Bajo la marca Fábrica Social, el proyecto de De la Rosa y Gremion, las mujeres de Zinacantán y otras artesanas en seis estados mexicanos buscan mejorar las condiciones laborales y combatir desigualdades del negocio.
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Tras detener su labor, las tejedoras colocan sillas y una mesa para trabajar en el patio. Gremion inicia entonces el repaso de conceptos básicos sobre costos, gastos y otros aspectos para alcanzar una meta crucial pero compleja: un comercio justo.
Con entusiasmo de colegialas, las artesanas escuchan y debaten con enjundia sobre sus tiempos y necesidades y la forma correcta de cotizarlas.
"Es una herramienta que nos ayuda mucho a llegar a un precio de un producto que muchas veces es casi invaluable", explica Gremion, de 40 años, tras culminar el taller.
Más allá del valor económico, el arte textil de muchos pueblos indígenas mexicanos representa un patrimonio cultural e histórico sistemáticamente visto como usurpado por grandes casas mundiales de la moda.
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Desde 2019, el gobierno del izquierdista Andrés Manuel López Obrador ha exigido explicaciones públicas a diseñadoras como la venezolana Carolina Herrera y la francesa Isabel Marant, y a marcas como Zara, Rapsodia o Anthropologie por la "apropiación cultural indebida" de elementos indígenas en sus colecciones.
"No es justo que nos hagan esto como indígenas (...) Que no somos famosas como ellas, pero no es justo que nos usen", opina Pérez.