"Esta es una de las tormentas más poderosas que han golpeado a Filipinas en un mes de diciembre en la última década", señaló Alberto Bocanegra, jefe de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja en el archipiélago asiático.
"La información que recibimos y las imágenes que recibimos son alarmantes", agregó.
El último balance oficial habla de al menos 33 muertos.
En la provincia de Negros Occidental, un responsable del área de gestión de desastres confirmó la muerte de 13 personas, la mayoría de ellas ahogadas, y agregó que otras 50 están desaparecidas en zonas inundadas.
"Empezamos a instar a la gente a evacuar desde el miércoles, pero muchos se mostraban reacios a hacerlo", dijo ese funcionario, Salvador Mesa.
Más de 18.000 militares, policías, guardacostas y bomberos se unirán a las tareas de búsqueda y rescate en las zonas más afectadas, dijo Mark Timbal, portavoz de la agencia nacional de desastres.
"Ha habido daños severos" en Surigao y Siargao (sur), indicó Timbal en referencia a las zonas más afectadas por el tifón.
Las comunicaciones cayeron en Siargao y la ciudad vecina de Surigao, en el norte de la isla sureña de Mindanao.