En los campos de refugiados y pueblos, los periodistas de la AFP identificaron a por lo menos una quincena de ellas obligadas a proceder de esta manera por sumas de 550 a 4.000 dólares (de 430 a 3.447 euros) para sobrevivir.
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La práctica está muy extendida. Responsables de campamentos y pueblos han contabilizado decenas de casos desde la sequía de 2018, cifra que ha aumentado con la de 2021.
La familia de Sabehreh, de 25 años, un vecino de Fahima, había pedido prestados alimentos de una tienda de comestibles. El propietario los amenazó con "encarcelarlos" si no pagaban.
Para saldar sus deudas, la familia vendió a Zakereh, de tres años, quien se casará con Zabiullah, el hijo del tendero, de cuatro años. La pequeña no sospecha nada. Entre tanto, el padre de su futuro esposo ha decidido esperar hasta que ella tenga la edad suficiente para llevársela con ellos.
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"No estoy contento de haber hecho esto, pero no tenemos nada para comer ni beber (...). Si sigue así, (también) tendremos que vender a nuestra hija de tres meses", se desespera Sabehreh.
"Mucha gente está vendiendo a sus hijas", asegura otro vecino, Gul Bibi, que vendió a su pequeña Asho, de ocho o nueve años, a un hombre de 23 años a quien su familia también le debía dinero.
Bibi teme que este hombre regrese de Irán para llevársela lejos de su regazo. "Sabemos que esto no está bien (...), pero no tenemos otra opción", asevera.