Martes, 14 de Enero de 2014
~Tal como están concebidos y diseñados los carnavales de la
ciudad, podríamos decir, que de bueno, poco, o mejor, nada.~
Tal como están concebidos y diseñados los carnavales de la ciudad, podríamos decir, que de bueno, poco, o mejor, nada.
Lo que sí es cierto , es que en relación con los anteriores, el de este año mejoró en muchos aspectos: a pesar de la gran cantidad de gente que participó, del exagerado consumo de licor, del odio que se descarga, no se registró ninguna víctima fatal.
Por este positivo balance en el orden público y seguridad, hay que hacer un reconocimiento a la policía nacional, en cabeza del alcalde Jesús Antonio Sánchez Clavijo, en su condición de comandante “teórico”.
El experimento de la llamada Zona Cero, establecida en el área del complejo histórico de la Gran Convención, incluyendo el parque de San Francisco, no obstante la pobreza de los espectáculos artísticos, posibilitó que los vecinos del sector, se protegieran del vandalismo generalizado, a base del despilfarro de agua, de espuma, y de la agresión de los jóvenes, que se concentraron en el parque de San Agustín.
La restricción de la circulación de camiones y volquetas, fue fundamental para la reducción de los hechos bochornosos y atropellos contra las personas que participaran o no en la controvertida juerga.
La campaña contra el desperdicio de agua, fue insuficiente y tardía, porque en algunos sectores altos y periféricos, actualmente se está sintiendo la escasez.
Si el mandatario de los ocañeros toma la conciencia ecológica mínima y oportuna, con miras a los carnavales del 2015, desde ya debería , a través de su oficina de comunicaciones, implementar una campaña educativa, para desarrollarla a través de las emisoras y canales de televisión, locales.
De igual forma, mediante la secretaría de educación, tendría que idear una cátedra de cultura ciudadana, en la que se prevenga la botada de agua, el buen comportamiento ciudadano, y que se dicte en escuelas y colegios de la ciudad.
Ojalá, que las imágenes que transmitió el canal Caracol, sobre la crisis que soporta Aguachica, donde el agua llega cada quince días a las casas, sirva de ejemplo y de escarmiento, sobre lo que nos podría pasar en las décadas cercanas.
Y quien podría proteger el bolsillo de propios y extraños que todavía acuden masivamente al estadio Hermides Padilla a escuchar y bailar vallenato. Según algunos de los asistentes, la especulación en el precio de las entradas y los licores, este año se aceleraron.
Para que ustedes dimensionen la tumbada, las unidades del wisky, de la marca que patrocinó los conciertos, en los estancos se adquiere a 22 mil pesos, y dentro del escenario deportivo había que pagarla a 120 mil pesos, amen de los daños ocasionados en la gramilla.
La construcción de la nueva plaza de ferias, en el norte de la ciudad, con una inversión de más de dos mil millones de pesos, y con una capacidad para 7 mil espectadores, por parte del gobierno municipal, permitirá que las fiestas de finales de este año e inicios del entrante, mejoren de manera ostensible.
Lo que sí es cierto , es que en relación con los anteriores, el de este año mejoró en muchos aspectos: a pesar de la gran cantidad de gente que participó, del exagerado consumo de licor, del odio que se descarga, no se registró ninguna víctima fatal.
Por este positivo balance en el orden público y seguridad, hay que hacer un reconocimiento a la policía nacional, en cabeza del alcalde Jesús Antonio Sánchez Clavijo, en su condición de comandante “teórico”.
El experimento de la llamada Zona Cero, establecida en el área del complejo histórico de la Gran Convención, incluyendo el parque de San Francisco, no obstante la pobreza de los espectáculos artísticos, posibilitó que los vecinos del sector, se protegieran del vandalismo generalizado, a base del despilfarro de agua, de espuma, y de la agresión de los jóvenes, que se concentraron en el parque de San Agustín.
La restricción de la circulación de camiones y volquetas, fue fundamental para la reducción de los hechos bochornosos y atropellos contra las personas que participaran o no en la controvertida juerga.
La campaña contra el desperdicio de agua, fue insuficiente y tardía, porque en algunos sectores altos y periféricos, actualmente se está sintiendo la escasez.
Si el mandatario de los ocañeros toma la conciencia ecológica mínima y oportuna, con miras a los carnavales del 2015, desde ya debería , a través de su oficina de comunicaciones, implementar una campaña educativa, para desarrollarla a través de las emisoras y canales de televisión, locales.
De igual forma, mediante la secretaría de educación, tendría que idear una cátedra de cultura ciudadana, en la que se prevenga la botada de agua, el buen comportamiento ciudadano, y que se dicte en escuelas y colegios de la ciudad.
Ojalá, que las imágenes que transmitió el canal Caracol, sobre la crisis que soporta Aguachica, donde el agua llega cada quince días a las casas, sirva de ejemplo y de escarmiento, sobre lo que nos podría pasar en las décadas cercanas.
Y quien podría proteger el bolsillo de propios y extraños que todavía acuden masivamente al estadio Hermides Padilla a escuchar y bailar vallenato. Según algunos de los asistentes, la especulación en el precio de las entradas y los licores, este año se aceleraron.
Para que ustedes dimensionen la tumbada, las unidades del wisky, de la marca que patrocinó los conciertos, en los estancos se adquiere a 22 mil pesos, y dentro del escenario deportivo había que pagarla a 120 mil pesos, amen de los daños ocasionados en la gramilla.
La construcción de la nueva plaza de ferias, en el norte de la ciudad, con una inversión de más de dos mil millones de pesos, y con una capacidad para 7 mil espectadores, por parte del gobierno municipal, permitirá que las fiestas de finales de este año e inicios del entrante, mejoren de manera ostensible.
