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La vida gira y gira…
El 26 de diciembre es un día de mucho cansancio para todo el mundo, mucho guayabo, mucho sueño, muy pocas ganas de trabajar.
Miércoles, 26 de Diciembre de 2012
El 26 de diciembre es un día de mucho cansancio para todo el mundo, mucho guayabo, mucho sueño, muy pocas ganas de trabajar. Los excesos de trasnocho por las madrugadas a las misas de aguinaldos; los excesos musculares por las novenas bailables que se organizan en  barrios y familias; los excesos etílicos porque la llegada del Niño Dios hay que celebrarla con rezos, villancicos y trago; el paseo del 25, sancocho incluido y cerveza fría para la resequedad del organismo,  todo ello sumado, hace que la situación mental y corporal explote el 26, al otro día de la Navidad, un día cuyo saludo debe ser “felices pascuas”. Qué cuento de pascuas, si pascua significa alegría, emoción, júbilo y ganas de abrazar a todo el mundo, y el 26 resulta todo lo contrario: malestar, sueño, dolor de cabeza, pocas ganas de saludar y mucho menos de abrazar a alguien.

Todo lo mismo, todos los años. Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos, de modo que el consuelo que nos queda a los tontos es que el malestar no es de unos cuantos, sino de todos. Empecemos por el pesebre. José debe amanecer el 26, cansado (mamado, sería la palabra, pero José es un santo y los santos tienen  prohibido decir palabrotas y vulgaridades) de tanta visita, tanto lambón, tanto pastor chismoso que llega a ver cuál es el motivo de la bulla, y, lo peor, muchos que llegan dizque a adorar al Niño y ni siquiera llevan regalo. Si por lo menos a José se le hubiera ocurrido  acudir a aquello de “lluvia de sobres”, como ahora es la moda, alguna ventaja le podría sacar a tanta visitadera, pero no, siempre lo mismo: camisitas, pañales, gorritos, zapaticos…lo mismo de siempre, dos mil y pico de años en la misma posición, con la varita florecida en una mano y con la otra saludando.

María, pobre mujer, con apenas dos días de dieta y ni siquiera la dejan descansar. Jesús, hermoso, gordito, sonriente, como quien dice toda una figura celestial, pero con vicios humanos como mamar y llorar, y formar pataletas si María no acude presurosa a darle seno. Los reyes magos, cansados de tantos kilómetros de viaje, y pensativos porque ya deben comenzar el regreso, que debe ser por otro camino para no toparse con las tropas de Herodes. Más de buenas, la burra y el buey, a quienes su Santidad Benedicto 16 sacó del pesebre, y ya no tendrán que seguir rumiando y rumiando, al pie de la cuna, durante toda la eternidad.

El 26 de diciembre debería ser un día de obligatorio descanso, para recobrar energías, para estar en forma, para prepararse porque ahora viene la otra jornada, la de fin de año, que comienza el 28 con los inocentes, sigue el 29 con los locos, el 30 con las visitas de amistad, y llega a su máximo apogeo el 31 a la media noche, con la quema del año viejo, los abrazos y  lloriqueos del fin de año, el brindis y los saludos de año nuevo, las doce uvas, la carrera, maleta en mano, por el barrio, el pavo relleno y la fiesta hasta el amanecer del 1 de enero, que debe empatar con el paseo al río o a la cabaña, y el malestar del 2 de enero, que debería ser también, como el 26 de diciembre, de obligatorio descanso. La vida gira y gira…¡y siempre la misma vaina!
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