Domingo, 30 de Noviembre de 2014
Después de tanto estudiar el enigma tiempo, hasta ahora caí en cuenta de que el problema lo tenía resuelto el Chapulín Colorado, con la invención de La Chicharra Paralizadora. ¡Qué magia! con sólo sonar la corneta una vez detenía todo, y podía componer a su antojo las circunstancias y las personas y, desde luego, acomodar los escenarios para producir otras; entonces la sonaba dos veces y el tiempo continuaba. O el chavito, con sus garroteras, cuando después de un susto quedaba paralizado (detenía el tiempo) hasta que alguien le echara agua en la cara para hacerlo reaccionar.
Y así, Chespirito resolvía los problemas con magistrales libretos: por ejemplo, en el episodio de los espíritus chocarreros, manejó con divertimento la profunda fenomenología de la muerte y la presencia de los difuntos en el quehacer diario, con el nombre que les dan de fantasmas.
La comedia es la alternativa para sacar al ser humano fuera de su pobre contexto material y llevarlo a otras dimensiones para, luego, hacerlo regresar y enfrentarse a sí mismo con nuevas argumentaciones y, en especial, una madurez reflexiva que lo hace enfrentarse al destino con un convencimiento de que los instantes se despliegan al futuro con el sueño de ser parte del infinito.
En realidad, mi admiración por Chespirito es inmensa: aún hoy veo los programas, El Chavo, El Chapulín, Los Caquitos, el doctor Chapatín, los Chifladitos y sus chiripiorcas, con la misma alegría que cuando comenzaron; además, enseñé a mis hijos a verlos y a divertirnos todos con el encanto de sus enredos y la maravillosa ternura de las encumbradas lecciones de humanismo que contienen.
La genialidad de Chespirito se sembró en sus personajes, el Chavo, el Señor Barriga, Kiko, la Chilindrina, Ñoño, Doña Nieves, la Bruja del 71, Don Ramón, el profesor Jirafales, Doña Florinda, Jaimito el Cartero, en el cultivo de la sencillez y los valores costumbristas de una vecindad bonita, en la cual todos se querían, a pesar de los inconvenientes.
De seguro, el destino posee como arma fundamental una Chicharra Paralizadora; es la única razón para que logre componernos y descomponernos: Chespirito se la adivinó.
Y así, Chespirito resolvía los problemas con magistrales libretos: por ejemplo, en el episodio de los espíritus chocarreros, manejó con divertimento la profunda fenomenología de la muerte y la presencia de los difuntos en el quehacer diario, con el nombre que les dan de fantasmas.
La comedia es la alternativa para sacar al ser humano fuera de su pobre contexto material y llevarlo a otras dimensiones para, luego, hacerlo regresar y enfrentarse a sí mismo con nuevas argumentaciones y, en especial, una madurez reflexiva que lo hace enfrentarse al destino con un convencimiento de que los instantes se despliegan al futuro con el sueño de ser parte del infinito.
En realidad, mi admiración por Chespirito es inmensa: aún hoy veo los programas, El Chavo, El Chapulín, Los Caquitos, el doctor Chapatín, los Chifladitos y sus chiripiorcas, con la misma alegría que cuando comenzaron; además, enseñé a mis hijos a verlos y a divertirnos todos con el encanto de sus enredos y la maravillosa ternura de las encumbradas lecciones de humanismo que contienen.
La genialidad de Chespirito se sembró en sus personajes, el Chavo, el Señor Barriga, Kiko, la Chilindrina, Ñoño, Doña Nieves, la Bruja del 71, Don Ramón, el profesor Jirafales, Doña Florinda, Jaimito el Cartero, en el cultivo de la sencillez y los valores costumbristas de una vecindad bonita, en la cual todos se querían, a pesar de los inconvenientes.
De seguro, el destino posee como arma fundamental una Chicharra Paralizadora; es la única razón para que logre componernos y descomponernos: Chespirito se la adivinó.
