Jueves, 25 de Octubre de 2012
Ya llega el halloween y la cuidad se prepara para la fiesta de noche de brujas. Habrá francachela y comilona. Y disfrazados, claro. Noche de brujas: de las que vuelan con escoba y de las que asustan en el techo. Cúcuta es tal vez la única ciudad de Colombia en la que el halloween dura todo el año. Porque acá asustan permanentemente: camina uno por el parque Santander y sale una bruja que asusta pidiendo el aumento del impuesto predial. Mira uno a los concejales y todos cantan “triqui, triqui-ñuelas” y piden 20 millones de pesos para aprobar un acuerdo de ley que permita la incorporación al perímetro urbano de las tierras que están clasificadas como rurales.
Ah, el Concejo. Eso allá es un despelote. Imagino la fiesta de brujas organizada por Leonardo Jácome, el recién nombrado primer vicepresidente del Concejo de Cúcuta para el próximo año. Jácome tiene experiencia en fiestas. En la UFPS empelotó a unas estudiantes. Imagino que en este halloween hará lo mismo: empelotarse para grandes cosas. Una fiesta organizada por Jácome tiene que ser de disfraces. Ya lo dije en una columna pasada cuando me refería al maquillaje. Hablaba de lo mismo: del disfraz. De la tendencia política hacia la mentira y la trampa. Y acá nuestra podrida y nauseabunda clase política es experta en el disfraz. Así, por ejemplo, en esa fiesta de Jácome llegarán todos los políticos con su respectivo disfraz. Juan Manuel Corzo llegará disfrazado de pimpina de gasolina o de camioneta parqueada. Alejandro Carlos Chacón hace tiempo anda disfrazado de Ramiro Suárez. Será una fiesta privada y memorable. Y terrorífica, si llevan a Julio Vélez. Creo que Julio Vélez es el único que no necesita disfraz. Su hoja de vida asusta más que el pasado criminal de Ramiro Suárez. Y será una fiesta movida, sin micrófonos, para que no quede registrado que los concejales extorsionan a la gerente de Metrovivienda, Luz Karime Coronel.
El mejor disfraz de la noche podría ser el de Nuby Mayeli Luna, vestida de Hada Madrina. Pero, el polvo mágico con el que buscaba desaparecer el proceso de nulidad electoral que cursa contra el acalde, no le funcionó.
Creo que todos ustedes estarán de acuerdo conmigo en que el mejor disfraz de la noche de brujas es el del alcalde Donamaris, vestido de pies a cabeza como Bob, el constructor. Todo esto sería un chiste si no estuviera de por medio el destino de la ciudad. Nuestra clase política (que no tiene clase, que no hace política) ha vivido siempre de los dineros públicos y ha convertido a la ciudad en una cueva de ladrones. Que de esta fiesta del halloween político nos quede al menos una foto. Así podremos dibujar una cruz en el rostro de los convocados cuando vayan cayendo presos uno a uno.
Ah, el Concejo. Eso allá es un despelote. Imagino la fiesta de brujas organizada por Leonardo Jácome, el recién nombrado primer vicepresidente del Concejo de Cúcuta para el próximo año. Jácome tiene experiencia en fiestas. En la UFPS empelotó a unas estudiantes. Imagino que en este halloween hará lo mismo: empelotarse para grandes cosas. Una fiesta organizada por Jácome tiene que ser de disfraces. Ya lo dije en una columna pasada cuando me refería al maquillaje. Hablaba de lo mismo: del disfraz. De la tendencia política hacia la mentira y la trampa. Y acá nuestra podrida y nauseabunda clase política es experta en el disfraz. Así, por ejemplo, en esa fiesta de Jácome llegarán todos los políticos con su respectivo disfraz. Juan Manuel Corzo llegará disfrazado de pimpina de gasolina o de camioneta parqueada. Alejandro Carlos Chacón hace tiempo anda disfrazado de Ramiro Suárez. Será una fiesta privada y memorable. Y terrorífica, si llevan a Julio Vélez. Creo que Julio Vélez es el único que no necesita disfraz. Su hoja de vida asusta más que el pasado criminal de Ramiro Suárez. Y será una fiesta movida, sin micrófonos, para que no quede registrado que los concejales extorsionan a la gerente de Metrovivienda, Luz Karime Coronel.
El mejor disfraz de la noche podría ser el de Nuby Mayeli Luna, vestida de Hada Madrina. Pero, el polvo mágico con el que buscaba desaparecer el proceso de nulidad electoral que cursa contra el acalde, no le funcionó.
Creo que todos ustedes estarán de acuerdo conmigo en que el mejor disfraz de la noche de brujas es el del alcalde Donamaris, vestido de pies a cabeza como Bob, el constructor. Todo esto sería un chiste si no estuviera de por medio el destino de la ciudad. Nuestra clase política (que no tiene clase, que no hace política) ha vivido siempre de los dineros públicos y ha convertido a la ciudad en una cueva de ladrones. Que de esta fiesta del halloween político nos quede al menos una foto. Así podremos dibujar una cruz en el rostro de los convocados cuando vayan cayendo presos uno a uno.
