Viernes, 20 de Marzo de 2015
Quienes me conocen saben que mi “arte” es la veterinaria, oficio que me atrajo a raíz de la vinculación que desde que nací he tenido con el campo, sus cultivos y animales de crianza. Mi ejercicio profesional me ha llevado a ejercer más que como veterinario con endoscopio y bata blanca, a representar comunidades agropecuarias, bien como dirigente gremial, funcionario público o como vocero de organizaciones campesinas que requieren se haga sonoridad sobre problemas y/o limitaciones propias de sus actividades productivas.
Hoy me ocuparé de los nuevos “males” que padece la ganadería bovina y no me refiero a la Brucelosis, Aftosa o cualquiera de esas pestes. Para comenzar dicen los ambientalistas de escritorio y los burócratas especializados en política social que los ganaderos utilizan cerca de 40 millones de hectáreas para alimentar solo 20 0 25 millones de cabezas y que incluso la actividad – cual se salva? - es utilizada en algunos casos para esconder o legalizar fortunas mal habidas y lo que faltaba; que el calentamiento global y los problemas de gases “efecto invernadero”, se deben en gran medida a la “mala educación” de las vacas………y toros también, que sin importarles en que sofisticado “corral” estén, eructan, evitando así que los gases que producen los miles de millones de bacterias y protozoos de su gigantesca panza los hagan explotar como “Ricaurte en San Mateo”. Se nos olvida que gracias a esa característica, los rumiantes pueden digerir la celulosa que es el carbohidrato más abundante de la naturaleza.
A los anteriores problemas se le suma la cada vez más abundante propaganda – seria y no seria también- que advierte sobre los riesgos que para la salud del corazón tiene el consumo de carnes rojas y ahora resulta que la leche entera de vaca y sus derivados le caen “muy mal” a cada vez más personas. Como les parece que la mala del paseo es ahora la lactosa, principio nutritivo sin el cual ninguno de nosotros – mamíferos - en los miles de millones de años de evolución pudiera estar, o haber estado “echando el cuento”.
Curioso que al tiempo que se divulga esa información, se popularice el concepto que anuncia lo saludable que resulta tomar agua en grandes cantidades y ojala que esta sea embotellada – hoy esta presentación es más costosa que la mismísima leche.
A los anteriores comentarios, lo que yo si puedo afirmar es que cientos de miles de familias en este país viven de esa actividad y que son los primeros compatriotas en salir a trabajar, de tal manera que al deslumbrar el alba los colombianos dispongamos de millones de litros de una bebida que aunque vituperada por algunos y sí huérfana de incentivos gubernamentales, sigue siendo el alimento más perfecto, tanto que ni siquiera el todo poderoso Homo sapiens ha podido superar.
Se alistan pues, en la “rumiante” agenda agropecuaria desafíos que no solo tienen que ver con la inseguridad rural, el alto costo de los insumos, créditos costosos y de difícil acceso, TLCs con países tradicionalmente productores etc, etc. Resulta que ahora se lucha también contra una propaganda consumista que promueve dudosas estadísticas que hacen que a un par de los más importantes alimentos de la humanidad; carne y leche, se les vincule con problemas de salud pública cuyo origen puede estar “aguas arriba”.
Nota: Al paso que vamos no faltará quien diga que sentarse en taburetes de cuero de res, les produce ampollas en las “sentaderas”.
Hoy me ocuparé de los nuevos “males” que padece la ganadería bovina y no me refiero a la Brucelosis, Aftosa o cualquiera de esas pestes. Para comenzar dicen los ambientalistas de escritorio y los burócratas especializados en política social que los ganaderos utilizan cerca de 40 millones de hectáreas para alimentar solo 20 0 25 millones de cabezas y que incluso la actividad – cual se salva? - es utilizada en algunos casos para esconder o legalizar fortunas mal habidas y lo que faltaba; que el calentamiento global y los problemas de gases “efecto invernadero”, se deben en gran medida a la “mala educación” de las vacas………y toros también, que sin importarles en que sofisticado “corral” estén, eructan, evitando así que los gases que producen los miles de millones de bacterias y protozoos de su gigantesca panza los hagan explotar como “Ricaurte en San Mateo”. Se nos olvida que gracias a esa característica, los rumiantes pueden digerir la celulosa que es el carbohidrato más abundante de la naturaleza.
A los anteriores problemas se le suma la cada vez más abundante propaganda – seria y no seria también- que advierte sobre los riesgos que para la salud del corazón tiene el consumo de carnes rojas y ahora resulta que la leche entera de vaca y sus derivados le caen “muy mal” a cada vez más personas. Como les parece que la mala del paseo es ahora la lactosa, principio nutritivo sin el cual ninguno de nosotros – mamíferos - en los miles de millones de años de evolución pudiera estar, o haber estado “echando el cuento”.
Curioso que al tiempo que se divulga esa información, se popularice el concepto que anuncia lo saludable que resulta tomar agua en grandes cantidades y ojala que esta sea embotellada – hoy esta presentación es más costosa que la mismísima leche.
A los anteriores comentarios, lo que yo si puedo afirmar es que cientos de miles de familias en este país viven de esa actividad y que son los primeros compatriotas en salir a trabajar, de tal manera que al deslumbrar el alba los colombianos dispongamos de millones de litros de una bebida que aunque vituperada por algunos y sí huérfana de incentivos gubernamentales, sigue siendo el alimento más perfecto, tanto que ni siquiera el todo poderoso Homo sapiens ha podido superar.
Se alistan pues, en la “rumiante” agenda agropecuaria desafíos que no solo tienen que ver con la inseguridad rural, el alto costo de los insumos, créditos costosos y de difícil acceso, TLCs con países tradicionalmente productores etc, etc. Resulta que ahora se lucha también contra una propaganda consumista que promueve dudosas estadísticas que hacen que a un par de los más importantes alimentos de la humanidad; carne y leche, se les vincule con problemas de salud pública cuyo origen puede estar “aguas arriba”.
Nota: Al paso que vamos no faltará quien diga que sentarse en taburetes de cuero de res, les produce ampollas en las “sentaderas”.
