Viernes, 3 de Mayo de 2013
Fernando Londoño Hoyos es todo un personaje, adornado de múltiples facetas, no todas buenas, pero sí todas brillantes. Él puede encontrar “el tesoro de Aladino” o “desatar el nudo gorgiano”, pero también puede vender “castillos de sherezada”. Londoño Hoyos es un magnifico escritor variopinto, también es un excelente orador al mejor estilo greco-caldense. Se decía, de su padre: “cuando Fernando Londoño Londoño habla, provoca sacar pareja”. Y el nuevo tigre también salió con rayas, solo que tardó en romper “la manigua” para asomarse al escenario político. Londoño Hoyos es además buen abogado y un extraordinario negociante y negociador. Maneja el debate, es polemista sofismático y duro y hábil en el estrado. Claro, no comparto por ideología sus concepciones dogmáticas, pero sí lo valoro y respeto.
En “La Opinión” de abril 22 de 2013, apareció un artículo de Fernando Londoño Hoyos titulado: “¿Cual paz la de Santos o la de Uribe?”. En ese escrito tilda de mentiroso al presidente Santos Y rechaza de un tajo la paz tipo Santos por inconveniente y al tiempo magnífica “la paz victoriosa propuesta por Uribe”. Así concluye su articulo: “El pais no cree en esa paz (la de Santos) humillante y tramposa…quiere la paz de Uribe. La paz victoriosa…la paz verdadera”
Y claro la respuesta de cualquier colombiano, hastiado de la violencia no es otra diferente a querer una paz sustentable, vía política, no guerrerista, pero no politizada. La paz es y debe ser no una bandera política, sino un derecho elemental de todos los pueblos libres, regidos por un estado de derecho.
No me gusta la paz de Uribe Vélez, con su fundamento simplista: “para hacer la paz es necesario ganar la guerra”. La historia se cansa de repetirnos que todos los conflictos armados internos se terminan con una negociación política.
No pretendo tampoco convertirme en defensor de oficio de Santos. En lo único que coincido con Londoño Hoyos es qué Santos asume riesgos y es un “jugador de póquer”. Y Santos le jugó para bien o para mal a su “propia paz”. ¿A cualquier precio?”. Es aquí valido el principio “El fin justifica los medio”. Requiere definir esa paz, un análisis bien profundo y casi con “bola de cristal”, pero sin mayores comentarios respondo al señor Fernando Londoño Hoyos, que prefiero mil y más veces el camino de la paz de Santos, además considero que el presidente actúa de buena fe y debemos creerle.
En “La Opinión” de abril 22 de 2013, apareció un artículo de Fernando Londoño Hoyos titulado: “¿Cual paz la de Santos o la de Uribe?”. En ese escrito tilda de mentiroso al presidente Santos Y rechaza de un tajo la paz tipo Santos por inconveniente y al tiempo magnífica “la paz victoriosa propuesta por Uribe”. Así concluye su articulo: “El pais no cree en esa paz (la de Santos) humillante y tramposa…quiere la paz de Uribe. La paz victoriosa…la paz verdadera”
Y claro la respuesta de cualquier colombiano, hastiado de la violencia no es otra diferente a querer una paz sustentable, vía política, no guerrerista, pero no politizada. La paz es y debe ser no una bandera política, sino un derecho elemental de todos los pueblos libres, regidos por un estado de derecho.
No me gusta la paz de Uribe Vélez, con su fundamento simplista: “para hacer la paz es necesario ganar la guerra”. La historia se cansa de repetirnos que todos los conflictos armados internos se terminan con una negociación política.
No pretendo tampoco convertirme en defensor de oficio de Santos. En lo único que coincido con Londoño Hoyos es qué Santos asume riesgos y es un “jugador de póquer”. Y Santos le jugó para bien o para mal a su “propia paz”. ¿A cualquier precio?”. Es aquí valido el principio “El fin justifica los medio”. Requiere definir esa paz, un análisis bien profundo y casi con “bola de cristal”, pero sin mayores comentarios respondo al señor Fernando Londoño Hoyos, que prefiero mil y más veces el camino de la paz de Santos, además considero que el presidente actúa de buena fe y debemos creerle.
