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Editorial
Tres años del virus
Las cuestiones relacionadas con la política y la economía gubernamentales han llevado a creer que el peligro ha pasado, pero como lo dicen los especialistas, puede tratarse de una falsa percepción.
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Lunes, 6 de Marzo de 2023

El 6 de marzo de 2020, el Ministerio de Salud confirmó el primer caso de coronavirus en Colombia, correspondiente a una ciudadana procedente de Milán, Italia.

El domingo 15 del mismo mes y año, quedó marcado para Cúcuta y Norte de Santander como el día en que la pandemia hizo presencia con el caso confirmado de una persona que llegó de Asturias, España, y aquí presentó los síntomas.

En el departamento, hasta ahora, las cifras registran 125.282 contagios, entre ellos 5.198 fallecidos, donde figuran más de 30 médicos y funcionarios de la salud que murieron como consecuencia de la pandémica enfermedad.

Hay asuntos que llaman a la reflexión. El levantamiento de la emergencia sanitaria no equivale a decir que la COVID-19 se fue. La Organización Mundial de la Salud (OMS) todavía considera a este mal como una amenaza global y no ha reducido su condición al nivel endémico.

Las cuestiones relacionadas con la política y la economía gubernamentales han llevado a creer que el peligro ha pasado, pero como lo dicen los especialistas, la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), puede tratarse de una falsa percepción, puesto que ya no hay pruebas masivas y muchos síntomas se pueden estar confundido con otras enfermedades respiratorias, especialmente las de origen viral común. Ya se vio como en China y Japón, recientemente, se vivieron altas olas de contagios y de muertes, todo porque ese relajamiento frente a las medidas de bioprotección ha aumentado y esto es lo mínimo que se debe hacer para evitar contagiarse.

Eso se nota en Cúcuta, puesto que aunque el tapabocas aún es de obligatorio uso en espacios cerrados, es muy poco el cumplimiento, mientras que se han venido registrando periodos de crecimiento de infecciones respiratorias.

Y el otro hecho sobre el que poco se habla y del que habrá que empezar a tratarse dentro de la política pública de salud en todo el país es el de los efectos colaterales que ocasionó el coronavirus y que preocupan a la comunidad médica.

Es decir, entre los pacientes que se recuperaron, hay personas que quedaron con secuelas o daños cognitivos. La OMS ha dicho que hasta un 20 por ciento de quienes padecieron coronavirus pueden seguir experimentando fatiga, dificultad para respirar y neblina mental, meses después de haberse recuperado.

Este hecho que marcó a la humanidad, y sobre cuyo orígen real todavía persisten muchas dudas, nos ha dejado lecciones que debemos aprender y acatar.

Entre ellas se encuentran la importancia de sistemas de salud fuertes tanto en infraestructura como en recursos humanos y financieros y la vacunación, a la que mucha gente aún no ha acudido. Lo demás depende de los logros en el desarrollo científico.

Y como sociedad, es momento de reflexión sobre la eficacia preventiva del acatamiento de las medidas de bioseguridad y de restricción que se adopten, porque se confirmó que el negacionismo o las creencias en teorías conspirativas no eran la salida a esta crisis global.

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