San Emigdio, el santo protector de los temblores, tal vez tendrá muchas plegarias llegadas desde el valle de doña Juana Rangel de Cuellar, porque de acuerdo con un informe publicado por La Opinión, los estudios de microzonificación sísmica de Cúcuta están atrasados 20 años, lo cual implica una acumulación de riesgos paralelos al factor sorpresa frente a este fenómeno natural.
A veces no se entiende la razón de actuar de los gobernantes y su cuerpo de administración de la capital de Norte de Santander en un caso como estos, pese a tener el dramático antecedente histórico de que la ciudad fuera destruida casi totalmente por un terremoto en mayo de 1875.
Habrá que hacer algo y se espera que sea pronto. Y aunque parezca extraño, este asunto deberá entrar a ser parte de las propuestas de los aspirantes a la Alcaldía en las elecciones de octubre de este año, porque hay unas advertencias que deben ser atendidas con carácter de urgencia para fortalecer las estructuras de la ciudad frente a la fuerza destructora de los terremotos.
Debe ponérsele la máxima atención y proceder a disponer de las decisiones políticas, administrativas y financieras a lo expuesto en un estudio de la Universidad Francisco de Paula Santander, correspondiente a una tesis de grado, según el cual hay que revisar hacia arriba el nivel de aceleración de la amenaza sísmica.
En la práctica lo anterior equivale a que el impacto que tendrían estas condiciones recaería directamente en el costo de las construcciones, dado que implicaría usar más cantidad de concreto y acero, un aumento de las secciones de vigas, columnas y planchas, para que puedan resistir la energía sísmica que probablemente se puede desprender de algunas de las fuentes sismogénicas que se analizaron, en este caso las fuentes telúricas cercanas a Cúcuta, según lo detallado en ‘Análisis probabilístico de amenaza sísmica’.
Ahí tiene una tarea interesante a desarrollar la misma UFPS para convocar en reuniones sectorizadas con los gremios económicos para exponer ese análisis, intercambiar opiniones y empezar el debate, aunque los constructores, por ejemplo, han insistido en que la capital nortesantanderana cuente con la microzonificación sísmica.
El Servicio Geológico Colombiano y los especialistas en esa clase de amenazas naturales también deberían ser invitados a un encuentro similar para revisar técnicamente con ellos esos reportes y darle así mayor vigor y rigor a cada uno de los hechos descubiertos y que implican situaciones de riesgo.
Y entonces debe de procederse a plantearle a la ciudad que es urgente rehacer toda la información sobre la microzonificación sísmica “para saber dónde estamos parados”, como gráficamente lo expusiera Carlos Flórez Góngora, vicerrector de investigación y extensión del centro de enseñanza superior.
Lo increíble, hasta el momento, es que pese a estar en una zona de entramado tectónico complejo, con influencia del nido sísmico de Bucaramanga y cruzada por fallas como la de Boconó y Uribante Caparo, la excusa siempre haya sido el presunto alto costo de un necesario diagnóstico de esa naturaleza.
Para confirmar que aquí el dinero es lo de menos y que el esfuerzo debe hacerse hasta lograr que las gestiones internacionales tengan final feliz para conseguir los recursos económicos y así poder tener una completa y real microzonificación, hay otro hecho que debe preocupar: Cúcuta se encuentra ubicada en una región sísmicamente activa con una tasa de ocurrencia de 50,8 sismos por año.
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