Multiplicar el capital. Salir de deudas. Dejar la pobreza a un lado. Darse los lujos que se merecen. Conquistar el mundo. Jugar a los inversionistas desconociendo que eso tan bueno no dan tanto...
Lo anterior encaja dentro de las interpretaciones que se le pueden dar a lo ocurrido con quienes siguiendo los cantos de sirenas terminaron siendo estafados, entre ellos 700 cucuteños que perdieron su inversión en una pirámide que les ofrecía jugosas ganancias representadas en dólares.
Un avivado argentino montó un entramado para hacer inversiones en la divisa estadounidense, prometiendo altos rendimientos dentro de la llamada práctica del trading, que se fortalecía al sumar nuevos clientes, es decir, una estructura piramidal, que la experiencia ha probado que siempre terminan mal, como evidentemente sucedió en este caso.
Aquí hay hasta un elemento para que la sicología criminal intervenga y analice a fondo este caso sobre la capacidad de manipulación y la facilidad con la que cayeron las víctimas de este nuevo hecho relacionado con las extraordinarias ganancias prometidas por negocios que no tienen ninguna base legal.
Lamentable -por ejemplo- que aquí en Cúcuta una familia que fue enredada por esta supuesta escuela de liderazgo financiero y coaching, que también tuvo tentáculos en España, Venezuela y Paraguay, haya perdido $800 millones al vender lo que tenían y hasta endeudarse para llevar el dinero y entregárselo a este ‘rey Midas’ que no se lo convirtió en oro sino que se lo desapareció, dejándola en la ruina.
Según reportes de la prensa internacional, Leonardo Cositorto, argentino y líder de Generación ZOE, se encuentra detenido acusado en su país por estafa y asociación ilícita, pero aquí en Colombia las víctimas se sienten desamparadas porque los representantes de esa compañía no han sido llamados a responder.
Aquí surge un asunto para ser analizado: ¿por qué si las personas del común se enteran que hay fantasiosas promesas para volverse millonario invirtiendo un dinero, nunca las autoridades se dan cuenta?
Faltaría mayor acción de inteligencia y de tipo preventivo para seguirles la pista a estas operaciones de captación ilegal de dinero. Resulta muy curioso que la fabulosa oferta de invertir para obtener un 33% de ganancia mensual por tres meses, no haya llegado a oídos de nadie del gobierno o de los organismos que judiciales o de control.
No se puede llegar a decir que esto habría sido muy difícil de detectar, porque el relato de los afectados, en el caso concreto de Cúcuta por ejemplo, deja ver que hubo reuniones a través de la plataforma Zoom y que en Bogotá se hacían conferencias lideradas por Leonardo Cositorto, el cerebro de esta operación piramidal.
A todas luces, este tipo de hechos indican que deben mejorarse las acciones de control y de lucha contra esa clase de métodos que en otros tiempos también dejaron a muchos con sus cuentas ilíquidas, sin casa, sin carro y desilusionados porque el tal paraíso que les pintaron, en realidad era un infierno de pérdidas y problemas sin resolver.
Aquí también es necesaria la reflexión ciudadana en que nada ni nadie da tanta rentabilidad como la que exponen esta clase de compañías de nombre rimbombante y manejadas por extranjeros o ejecutivos de muy buen hablar, pero que en realidad ocultan una operación delincuencial para apoderarse del dinero de los incautos. Antes de hacer cualquier negocio de estos, lo mejor es averiguar y siempre ser incrédulos, porque no todo lo que brilla es oro.
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