En el Día Mundial del Agua, la ONU recordó que una de cada cuatro personas en el planeta, es decir, unas 2.000 millones carecen de agua potable segura, hecho que traído a nuestra órbita local tiene mucho que ver con la urgencia de poner en operación el Acueducto Metropolitano de Cúcuta y de desempolvar al menos el embalse del Cínera, por ejemplo.
En julio se cumplirá un año desde que se entregó la megaobra del acueducto Francisco de Paula Santander cuyas compuertas del desarenador fueron abiertas, pero que todavía sigue sin entrar en operación para garantizarles el servicio 24 horas a 805.000 personas en Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario.
De máxima prioridad es el trabajo que se debe desarrollar por parte de la Gobernación y las alcaldías con el Gobierno Nacional para la financiación y ejecución de la etapa de conexión de los megatanques de almacenamiento a las redes de distribución de las tres municipalidades.
No se puede perder tiempo y, además, es urgente que los dineros lleguen prontamente a caja para cuadrar el plan de finalización de esta obra, que tiene como propósito garantizar la calidad, continuidad y cobertura del flujo de agua potable de aquí hasta el año 2047 en la región, por lo menos.
No se vería nada bien que nos llegue el Día Mundial del Agua 2024 y todavía sigamos comentando y hablando sobre este tema, puesto que resultaría muy grave que las gestiones o se trunquen o no lleguen a ninguna parte, porque a la vuelta de la esquina podríamos empezar a escuchar el ruido de un ‘elefante blanco’. La celeridad adecuada es urgente.
Con la insistencia que esto no puede seguirse ni demorando ni aplazando, es evidente que debe lograrse prontamente un acuerdo o una estrategia concertada entre las partes, con algún árbitro, si es necesario, para definir otro asunto, que tampoco es menor y del cual dependerá mucho que todo funcione sin complicaciones.
Se trata de la consolidación del plan para definir el operador de este sistema, porque ahí radica que los 365 días y las 24 horas el agua llegue sin problema alguno a los usuarios, y que no existan ni problemas jurídicos ni tampoco inconvenientes políticos que al final del día degeneren la filosofía de este proyecto que también debe ayudar a mejorar la competitividad y atender las necesidades propias del desarrollo urbano y empresarial de esta región fronteriza.
Y, paralelamente, para que no existan riesgos de desabastecimiento de agua en casos de fuertes temporadas secas, el embalse Cínera no debe descartarse sino ponerse en la agenda y llevar a que la administración central lo apoye en su desarrollo con respaldo financiero internacional.
Por fortuna, en Norte de Santander contamos con una fábrica natural de agua como el páramo Santurbán con el refuerzo del Almorzadero, que nos lleva a tener una importante ventaja de reserva hídrica que por tal razón es indispensable que se refleje en que el agua potable les llegue a la totalidad de los pobladores de los 40 municipios.
Hay, igualmente, otro asunto que también nos toca, como aquél que advierte que a nivel mundial el 44% de las aguas residuales domésticas no se tratan de forma segura; de eso sí que sabemos aquí, por la contaminación de ríos como el Pamplonita y Zulia, por esa clase de vertimientos que caen a sus caudales. ¿Para cuándo está previsto el arranque de las obras de las plantas de tratamiento de aguas residuales?
Cuidar y conservar nuestros ríos es un asunto de vida o muerte, o si no leamos este dato de la ONU: 1,4 millones de personas mueren anualmente y 74 millones verán acortada su vida a causa de enfermedades relacionadas con el agua, el saneamiento y una higiene deficientes.
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