Cultivar cacao es toda una tradición familiar para Luis Edmundo Dávila. En su familia han pasado cuatro generaciones devengando su sustento de este producto.
Sus días pasan entre los cultivos, la recolección del fruto, la extracción de semillas, la comercialización y las demás tareas de la cadena productiva.
Este hombre no concibe su vida sin el cacao. “Esto fue lo que aprendimos. Desde que tengo uso de razón trabajamos con cacao. Somos felices produciéndolo y aprendiendo cada día algo nuevo”, cuenta entusiasmado.
Ahora, también busca no solo sacar el producto en grano, sino que ha comenzado apostarle a la transformación para entregarlo en otras presentaciones como las chocolatinas o el cacao en polvo con el emprendimiento Chocodestellos del Catatumbo.
“Si como productores le apostáramos más a hacer algo adicional a producir el grano, tendríamos mayores utilidades y en eso estamos enfocados. Queremos ver nuestro producto en todas las tiendas de la región y del país”, sostuvo.
Todas estas apuestan están posicionando el cacao de Norte de Santander a nivel nacional y mundial.
En la región, de acuerdo con cifras de la Federación Nacional de Cacaoteros (Fedecacao), existen aproximadamente 12.031 hectáreas establecidas de este cultivo de las cuales derivan su sustento unas 3.500 familias ubicadas en 24 municipios, de estos se destacan por su producción Tibú, Sardinata, Teorama y Cúcuta.
Sin embargo, gran parte de estas áreas de cacao presentan bajo rendimiento por hectárea, esto principalmente debido a problemas relacionados con la edad de las plantaciones. Es decir, los árboles sembrados ya cuentan con muchos años. El ciclo de vida del cacao dura más de cien años, pero su vida económica normalmente no pasa de 40 años.