Miércoles, 1 de Mayo de 2013
Tan pronto terminó la Feria del Libro de 2012, Julio García-Herreros empezó a gastar cacumen sobre la manera de mejorar, como siempre lo hace, la presentación de Norte de Santander en la Feria de Bogotá de 2013. Año tras año se da a la tarea de no dejar perder el espacio que con esfuerzo se ha venido consolidando en la Feria Internacional del libro de la capital.
Julio reúne a su equipo, se le mete al gobernador, hace llave con la Secretaría de Cultura, se entiende con los mandamases de la Feria, toca puertas, con tristeza ve que algunas se le cierran, pero baila en una pata cuando ve que otras se le abren. Así, cuando llega la época de la Feria, el hombre ya tiene todo organizado, sabe cuánto le cuesta el evento, cuánto debe pedir, cuánto espacio necesita y qué novedades va a llevar a Bogotá para que la cosa le resulte mejor cada día.
Algo que ya se está volviendo tradicional es la celebración del Día de la Nortesantandereanidad, que busca congregar a toda la paisanada que vive en Bogotá. Este año fue el viernes 26 de abril. En el salón León de Greiff se reunieron esa noche güichos de Ocaña, toches de Cúcuta, patirrajados de Pamplona, montañeros de Las Mercedes, pancheros de San Luis, motilones del Catatumbo, reinosos de Silos, todos en una hermandad rojinegra.
El gobernador Édgar Díaz, siempre sonriente, siempre afable, presidía la celebración al lado de su secretaria de Turismo, Judith Ortega, y del presidente de la Asociación de Escritores de Norte de Santander, Ciro Alfonso Pérez. Guillermo Sangra Serrano, o cañero, ex presidente de Telecom y el ex defensor del pueblo, Bilmar Pérez Ortiz, los acompañaban en la mesa central. La bella norte santandereana Ana Karina Soto ofició de maestra de ceremonias. Y este modesto servidor, patrocinado por la Universidad Simón Bolívar y su eximio rector, Tomás Pilches Bonilla, habló sobre el orgullo que debemos sentir los norte santandereanos de ser norte santandereanos.
Cantó la cucuteña María Elvira Escandón, con una voz que a todos nos puso los pelos de punta de la emoción; George Sallete, de Pamplona, nos llevó por los mundos prodigiosos del jazz, y una guatemalteca, radicada en Cúcuta, Ingrid López, nos inculcó amor patrio al hablarnos de las cosas que la enamoraron de Cúcuta: el verde de sus paisajes, el progreso de la ciudad y, sobre todo, la calidez de los cucuteños y la forma de ser de los norte santandereanos.
Al final, después de presenciar unos videos sobre nuevos libros de autores regionales, y de rendir homenaje de un minuto de silencio a escritores nuestros, recientemente fallecidos, los organizadores se sobraron repartiendo colaciones pamplonesas, pasteles de garbanzo cucuteños, cebollitas o cañeras y otras ricuras de nuestra tierra, además de un coctel para espantar el frío de la noche bogotana. Y, entre la comilona, Devanara, con su morena sonrisa encantadora, entregaba paquetes de libros de escritores del departamento, publicaciones auspiciadas por la Secretaría de Cultura de Norte de Santander.
Noche inolvidable, la norte santandereana, en la Feria Internacional del Libro. Que la sigan repitiendo, año tras año. ¡Qué orgullo el de ser norte santandereanos! ¡Palabra que sí!
Julio reúne a su equipo, se le mete al gobernador, hace llave con la Secretaría de Cultura, se entiende con los mandamases de la Feria, toca puertas, con tristeza ve que algunas se le cierran, pero baila en una pata cuando ve que otras se le abren. Así, cuando llega la época de la Feria, el hombre ya tiene todo organizado, sabe cuánto le cuesta el evento, cuánto debe pedir, cuánto espacio necesita y qué novedades va a llevar a Bogotá para que la cosa le resulte mejor cada día.
Algo que ya se está volviendo tradicional es la celebración del Día de la Nortesantandereanidad, que busca congregar a toda la paisanada que vive en Bogotá. Este año fue el viernes 26 de abril. En el salón León de Greiff se reunieron esa noche güichos de Ocaña, toches de Cúcuta, patirrajados de Pamplona, montañeros de Las Mercedes, pancheros de San Luis, motilones del Catatumbo, reinosos de Silos, todos en una hermandad rojinegra.
El gobernador Édgar Díaz, siempre sonriente, siempre afable, presidía la celebración al lado de su secretaria de Turismo, Judith Ortega, y del presidente de la Asociación de Escritores de Norte de Santander, Ciro Alfonso Pérez. Guillermo Sangra Serrano, o cañero, ex presidente de Telecom y el ex defensor del pueblo, Bilmar Pérez Ortiz, los acompañaban en la mesa central. La bella norte santandereana Ana Karina Soto ofició de maestra de ceremonias. Y este modesto servidor, patrocinado por la Universidad Simón Bolívar y su eximio rector, Tomás Pilches Bonilla, habló sobre el orgullo que debemos sentir los norte santandereanos de ser norte santandereanos.
Cantó la cucuteña María Elvira Escandón, con una voz que a todos nos puso los pelos de punta de la emoción; George Sallete, de Pamplona, nos llevó por los mundos prodigiosos del jazz, y una guatemalteca, radicada en Cúcuta, Ingrid López, nos inculcó amor patrio al hablarnos de las cosas que la enamoraron de Cúcuta: el verde de sus paisajes, el progreso de la ciudad y, sobre todo, la calidez de los cucuteños y la forma de ser de los norte santandereanos.
Al final, después de presenciar unos videos sobre nuevos libros de autores regionales, y de rendir homenaje de un minuto de silencio a escritores nuestros, recientemente fallecidos, los organizadores se sobraron repartiendo colaciones pamplonesas, pasteles de garbanzo cucuteños, cebollitas o cañeras y otras ricuras de nuestra tierra, además de un coctel para espantar el frío de la noche bogotana. Y, entre la comilona, Devanara, con su morena sonrisa encantadora, entregaba paquetes de libros de escritores del departamento, publicaciones auspiciadas por la Secretaría de Cultura de Norte de Santander.
Noche inolvidable, la norte santandereana, en la Feria Internacional del Libro. Que la sigan repitiendo, año tras año. ¡Qué orgullo el de ser norte santandereanos! ¡Palabra que sí!
