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¿Cómo, como?
Amables lectores: Hace cincuenta años acompañé a un amigo de las  residencias Antonio Nariño de Bogotá a enviar un “telegrama” a su señor padre pues ya corría el día 22 del mes y todavía del giro “nada de nada”.
Martes, 15 de Abril de 2014
Amables lectores: Hace cincuenta años acompañé a un amigo de las  residencias Antonio Nariño de Bogotá a enviar un “telegrama” a su señor padre pues ya corría el día 22 del mes y todavía del giro “nada de nada”.

Mi compañero cucuteño con la picaresca que nos caracteriza a los oriundos de esta región redactó su mensaje con las palabras del título del artículo: “¿Cómo, como?”, que encierran toda la angustia de un estudiante desplatado y con necesidad de pagar manutención.

Sobra decir que el telegrama se cobraba por el número de palabras  y las usadas por el universitario resumían con total claridad, economía y creatividad su situación.

Esta anécdota vino a mi memoria al leer un artículo del block “Kien y Ke” titulado “cómo mercar”, donde a pesar de una controlada inflación de un solo digito por debajo del 4%, el comprar los elementos indispensables para un desayuno tienes en Bogotá un mayor costo que en Barcelona (España) o en Estrasburgo  (Francia). Ubiquémonos en Nueva York donde el equivalente a nuestro salario mínimo, contabilizando el valor por hora trabajada, alcanza la suma de un millón novecientos diez y siete mil pesos.

Compremos en un Supermercado de esa ciudad huevos, carne, pan, aceite, arroz, leche y cinco productos no perecederos: jabón,  detergente, champú, papel higiénico, desodorante y para quince días gastamos ciento cincuenta mil pesos, que son el 8% del ingreso.

Similarmente en Buenos Aires con un salario equivalente de un millón veinte mil pesos se destina el 11% para ese mercado quincenal destacándose que en esa ciudad un kilo de carne cuesta treinta y dos mil pesos colombianos.

En Japón el mismo ingreso alcanza la suma de cuatro millones ochocientos mil pesos y los productos básicos citados tienen un costo de ciento cuarenta y cuatro mil pesos para quince días siendo notorio que el valor de un kilo de carne es de cincuenta y ocho mil pesos equivalente al 40% del mercado quincenal.  En Colombia el salario mínimo mensual es de $616.000 y el mercar los artículos citados para quince días tiene un costo de ciento cinco mil pesos equivalente al 17% del ingreso mensual.

Con este rápido análisis vemos que Colombia tiene una doble cara. A nivel internacional es admirada por su crecimiento, por la seriedad en el manejo de sus cifras macroeconómicas, por poseer un banco central con una acertada política   monetarista y como prueba de todo lo anterior es el incremento de la inversión extranjera.  

La otra cara, más notoria en ciudades como Cúcuta, es el desempleo, informalidad, fragilidad económica, necesidades primaria insatisfechas, desigualdad social y bajos ingresos donde una persona debe destinar mensualmente el 34% de su salario para alimentos y si a este egreso se le añaden pago de servicios públicos, transporte, vestuario al habitante de Cúcuta solo le queda decirle al gobierno central: ¿Cómo, como?”.

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